Vilma Ibarra

Vilma Ibarra

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Miércoles 30 Abril, 2014

Provoca grima la absoluta falta de visión de algunos actores (políticos) que aún con resaca por la derrota e intoxicados de cinismo están dedicados a boicotear


Hablando Claro

Del ritual democrático y su trivialización

La campaña y sus dos rondas, la cortísima transición con sus nominaciones para los altos cargos, la instalación mañana del nuevo Congreso y la presentación del último informe de labores de la Presidenta saliente, así como la toma de posesión del nuevo mandatario en una semana; forman todo el continium de un ritual democrático de profundo significado.
Es, ni más ni menos que el asidero de nuestro Estado de derecho y nuestras tradiciones y convicciones fundacionales más profundas.
La campaña, histórica e intensa como fue, marcó un nuevo derrotero; definió un nuevo sino y el Presidente electo actúa ahora en consecuencia con el mandato recibido, asumiendo con liderazgo la responsabilidad de hacer el nuevo Gobierno.
Debería ser este un tiempo especial, pues aun cuando dichosamente la poco valorada cotidianidad de nuestra convivencia democrática siga su inalterable curso, lo cierto es que estamos marcando una impronta al mejor estilo de nuestra particular forma de ser costarricense: un episodio de la transición política del bipartidismo tradicional al multipardismo fragmentado que estamos delineando.
Debería por tanto, ser tiempo de mesura, de madurez reflexiva y de mucha altura por parte de los actores políticos para actuar en consecuencia con el cambio de época que vivimos.
Pero no es así.
Provoca grima la absoluta falta de visión de algunos de esos actores que aún con resaca por la derrota e intoxicados de cinismo están dedicados a boicotear hasta el instante final la constitución del directorio legislativo por parte del partido de gobierno y a ridiculizar la conformación del nuevo gabinete con burdas elaboraciones y hasta con mofas hacia el Presidente electo y sus colaboradores.
Sin ir más lejos, la constitución de un equipo de control político para socavar desde Cuesta de Moras cualquier decisión del Presidente y su Gobierno, advierte los oscuros propósitos de un sector del liberacionismo que está pugnando por imponerse en la bancada opositora (ya hoy partida en tres).
De verdad que algunos son incapaces de entender lo mínimo. El cambio de Gobierno es un asunto que deberían ver más allá de sus propios ombligos y su inquina.
El cambio de Gobierno es el ejercicio legal y simbólico que ordena las relaciones del poder político. Es un acto que coloca a cada quien en su sitio. Que los define en los roles asignados por el proceso electoral democrático, según la determinación del supremo.
Es el último rito de un proceso que en este decisivo capítulo se inició con esta campaña, pero que ciertamente se viene cociendo a fuego lento desde 1998.
No querer entenderlo es producto de una miopía que ciertamente puede dar al traste con los mejores empeños de la nueva administración —como algunos torpemente quieren desde ya— sin entender que también, de paso, puede enterrarlos a ellos mismos.
Ojalá en esta hora, imperen las voces de los opositores serenos, serios y responsables para con el país. De lo contrario, todos saldremos perdiendo.

 Vilma Ibarra