Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 23 Agosto, 2013

Pereza, negligencia, abandono de sí mismo o de las cosas propias.


Dejazón… y dengue

La declaración de alerta sanitaria tras el registro de casi 25 mil afectados de dengue, tan solo en lo que va del año, no es más que un reflejo del estado de dejazón en que se ha sumido el país.
Es un golpe directo sobre la productividad, generando altos costos por incapacidades, afectando zonas turísticas y sobrecargando el Seguro Social.
En esta situación hay claramente dos responsables. El más obvio es el gobierno, que no reacciona hasta que los problemas le revientan en la cara, siendo esta epidemia una afectación insistente en las últimas décadas.
El otro culpable es el pueblo, por ir bajando la guardia y permitir que la basura, los chunches y el desorden sean ya parte de su estilo de vida.
El asunto es que en la “era del conocimiento”, de “modernidad” y “desarrollo”, se han juntado el hambre con las ganas de comer y el resultado ha sido un estado de dejazón nacional.
El mosquito Aedes aegypti en una versión renovada y fortalecida, que encontró en esta generación de costarricenses un paraíso de ingredientes artificiales que van desde las ciudadelas de zinc hasta las toneladas de escombros que forman nuestro paisaje urbano, un sitio ideal para su luna de miel y propagación.
No hay que ser un experto en urbanismo, ni tener un ojo arquitectónico refinado para darse cuenta del caos, el hacinamiento, la improvisación y la mentalidad de precario con que se ha desarrollado nuestra zona metropolitana.
Y qué decir de la triste zona rural, desprovista, huérfana, que lucha sola contra la desigualdad, la falta de oportunidades en especial para las mujeres y la ausencia de inversiones sociales.
Costa Rica en muchos aspectos es un país abandonado.
No solo por la pésima infraestructura pública que es un reflejo de la incapacidad del Estado en todas sus denominaciones, desde las municipalidades hasta el sinnúmero de instancias, departamentos, unidades de gobierno que engrosan el flamante déficit fiscal y siembran más pobreza que beneficios para nuestro futuro.
El dengue es el resultado, la suma de todas las partes que revientan en esa mediocridad que el país no se merece, en especial en honor de los esfuerzos que se hicieron en el pasado para controlar este tipo de amenazas a la salud pública.
Espero que pronto Costa Rica pueda despertar de este desmayo, de esta falta de orgullo por hacer bien las cosas, sin importar si se proviene de una planilla pública o privada. Los problemas nos están reventando en la cara, es hora de actuar. Esperemos que pronto se pueda encontrar un antídoto contra ese estado de dejazón pública.

Luis Alberto Muñoz
@luisalberto_cr