Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 16 Agosto, 2017

Pizarrón

De las encuestas que se nos avecinan

La encuesta publicada hace unos días, de la Universidad de Costa Rica (UCR), ha provocado cierta discusión en torno a los resultados, especialmente, por el aprovechamiento que de esta ha querido hacer el Partido Liberación Nacional y su candidato Antonio Álvarez Desanti, de ser la opción preferida, de llevar la ventaja y de asegurar su triunfo en la primera vuelta, el 4 de febrero. En esta misma encuesta se coloca a Rodolfo Piza y al Partido Unidad Social Cristina como la segunda fuerza electoral en este momento, y de ir, con Liberación Nacional, de ser así, a una segunda ronda con mayor posibilidad. En tercer lugar aparece el Partido Acción Ciudadana con su candidato Carlos Alvarado y, en cuarto lugar, Juan Diego Castro y el Partido Integración Nacional.

Más allá del análisis de los datos que se pueda hacer lo evidente es que hemos entrado, en este momento, a seis meses del día de las elecciones, a una guerra informativa relacionada con resultados de encuestas, que no va a cesar, que se va a intensificar a como se acerque el 4 de febrero.

Hay encuestas de casas o empresas dedicadas específicamente a ellas, tanto para los aspectos comerciales, como para los asuntos electorales en periodo electoral, como el que vivimos.

Hay encuestas de institutos académicos, especialmente universitarios, que han venido tratando el comportamiento electoral de los costarricense, y hay encuestas hechas o contratadas a empresas específicas por los propios partidos políticos. En este último caso, los partidos con mayor capacidad económica le llevan el pulso de los resultados de estas encuestas casi al día.

Hay encuestas que contratan los medios de comunicación nacional, para sus propios intereses y públicos de lectores, encuestas que por publicadas resuenan al día siguiente en los otros medios y en los diversos programas de opinión y de comentarios políticos.

Hay encuestas oficiales de Gobierno, que son las que el propio Gobierno, la Casa Presidencial contrata para llevar el ritmo de la gestión del gobierno, de sus instituciones y de sus autoridades políticas e institucionales, las que no pueden ser usadas con fines electorales pero que muchas veces sus resultados trascienden al conocimiento de los propios partidos políticos, y sus candidatos, y solo las pueden usar, en lo que les favorezca como “rumores” de resultados de encuestas.

Hay embajadas de países acreditados en Costa Rica que también contratan encuestas y les llevan el pulso a diferentes tópicos del país, de acuerdo con sus propios intereses, entre ellos los electorales.

Todas las encuestas pueden ser cuestionadas, dependiendo de se estructura, la base de encuestados que alcanza, el tiempo en que fueron hechas y de otros factores. La verdad es que cuando se publican o dan a conocer sus resultados, las empresas y los mismos institutos académicos, no dan a conocer la estructura de las mismas, más allá de ciertos datos generales, número de encuestados, fecha en que se hizo la encuesta, si se hizo a pie, casa por casa, o por teléfono, si se atendieron zonas urbana y rural, por rango de edades de los encuestados, nivel académico o educativo, por género y cualquier otro elemento que se hubiera usado.

Y, aunque todas las encuestas puedan ser cuestionadas, en sus resultados se refleja un momento de la realidad, por eso se dice que es como una fotografía con fecha, la fecha en que se hizo la encuesta. Y que solo refleja ese momento, no el de la fecha de la publicación de la encuesta, que a veces es muchos días después de que se había realizado, ni proyecta el resultado al momento definitivo de la elección. Lo que se dice con claridad es que de mantenerse esa situación, de la encuesta, en los días siguientes, o semanas siguientes, puede ser que se produzca una tendencia que mantenga el resultado de la encuesta como resultado final. De allí el entusiasmo proyectado, de los que en ese momento concreto, en que se da a conocer una encuesta, hacen con alarde los favorecidos en su resultado.

En la lucha político electoral es natural que se enfrenten los partidos y sus candidatos con sus propias armas electorales, entre ellas, los aparatos o empresas contratadas para hacer encuestas. De allí, que entraremos inevitablemente a una situación de guerra de encuestas. En esta materia es natural entender que una encuesta mata a otra encuesta, que un dato mata a otro dato electoral.

Los encuestadores, y las empresas encuestadoras, no son totalmente neutrales. Tienen sus opiniones políticas, sus preferencias políticas que muchas veces, objetiva o subjetivamente, se manifiestan en la forma de hacer el cuestionario que se dirige al encuestado. Así por ejemplo, si hay 13 candidatos y solo se pregunta por cuatro o cinco, y al resto se le encasilla en una categoría de “otros”, se evidencia justamente las preferencias de los encuestadores por privilegiar resultados, y de excluir, de manera directa candidatos de la opinión o del conocimiento del encuestado. Si se pregunta entre cuatro candidatos o partidos la gente opina sobre esos cuatro candidatos o partidos, no tiene otra opción.

Aunque se establezca, como muchas veces dicen las empresas encuestadores, que dejan una pregunta abierta para que la gente, o el encuestado, ponga el nombre de otro candidato o partido, no es igual ni es lo mismo. Solo esta carencia informativa al encuestado muestra la parcialidad de la empresa en el resultado que busca o que procura privilegiar.

El otro asunto de las encuestas es sobre la intencionalidad de votar, entre los que han decidido votar ya, entre los que van a votar pero que aún no han decidido por quien, y entre aquellos que manifiestan indecisión aún, lo que es natural porque no todo el panorama electoral está debidamente cuadrado.

No están todos los partidos con sus candidatos ya de manera definitiva inscrita, ni están los candidatos a diputados todavía nombrados por sus asambleas, de manera que al no conocerse todo el escenario es natural que haya indecisión. Y están los que de plano manifiestan su intención de no votar o abstenerse.

Entonces, los cálculos y las discusiones vienen sobre la base de los que sí están decididos a votar y de los que ya tienen preferencia.
Se puede excluir obviamente a los abstencionistas para estos análisis, especialmente para calcular si se alcanzará o no el 40% en la primera vuelta electoral. Y los partidos que han hecho convenciones electorales internas tienen un resultado de votos a su favor, lo que se consideran los votos duros, fieles a los partidos, tal vez más que a los candidatos, salvo cuando el candidato triunfador lo ha hecho aplastantemente sobre sus contrincantes, o contrincante, que se toma en cuenta, en mezcla, para estos análisis proyectados a la meta del 40% electoral para triunfar en febrero.

Las encuestas provocan comparaciones con procesos electorales anteriores, de otras encuestas, de otros candidatos y sus partidos, para resaltar si un partido está mejor o peor que hace cuatro años, en esta misma fecha. Si las encuestas son específicas de un momento, más lo son de situaciones coyunturales de hace cuatro años. Las que realmente valen son las actuales. Los candidatos de una elección anterior no pueden compararse con el de la actual de un mismo partido, porque sus cualidades personales son diferentes, aunque vayan con el mismo partido, con la misma ropa partidaria. No se pueden comparar, por ejemplo Johnny Araya con Antonio Álvarez, aunque este haya estado en su comando de campaña, y aunque el comando de campaña de Antonio esté elaborando una estrategia electoral, idéntica a la de Johnny, que es para perder. Es como comparar papas con manzanas.

En las encuestas políticas y electorales, en algunas de ellas, se les da cierto énfasis a los grupos de edades. No se habla de generaciones, como las comerciales, X, Y, Z , millennials, y otras, pero se habla de estos sectores, especialmente destacando a los jóvenes votantes, entre los 18 y 40 años, y el resto. No se distingue, curiosamente, en las preferencias por género, hombres y mujeres, de sus intenciones electorales, al menos no lo he leído así, pero pueden aparecer resultados en esta dirección.

La urna de votación no distingue entre géneros, en una misma se recogen los votos de hombres y mujeres, y se recogen los votos de los votantes de todas las edades mezclados, de todas las supuestas generaciones a las que pueden pertenecer todos los votantes. Por eso, tal vez la generalidad de las preguntas y la generalidad de las respuestas.

En síntesis, estamos a las puertas, ya abiertas, de una guerra de encuestas. ¿Cuál matará a cual?

La única encuesta válida, en su resultado, es la que se realizará el primer domingo de febrero de 2018.