Pedro Oller

Pedro Oller

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Martes 6 Noviembre, 2012


De todo hay que aprender y tenemos en materia de las instituciones públicas mucho por aprehender


Cuestión de actitud

Hace unos días, en una visita oficial a la India para promover su marca país, el Rey Don Juan Carlos decía que “desde fuera, España se ve mejor. Desde dentro, dan ganas de llorar. Pero hay que seguir para delante: con un cuchillo en la boca y una sonrisa”. Lleva razón y sus palabras, en su entero contexto, no son pesimistas sino más bien una invitación a no desfallecer.
Hace unos días, 98 directores de las principales empresas con operaciones en Francia plantearon a la administración Hollande un pacto por la competitividad, el empleo y la innovación. Son los responsables de entre otras, Air France, BNP, Carrefour, Credit Agricole, Danone, France Telecom, Hermés, HSBC, Lagardère, L’Orèal, LVHM, Nestlé, Peugeot, Siemens, Société Generale y Total.
A primera vista, la propuesta tiene tintes de nobleza que pierde en perspectiva. De recordar que los votantes han regresado un socialista a la Presidencia por lo que el New York Times califica de descontento por el reparto de la riqueza. De recordar también, que Francoise Hollande ha propuesto un incremento en el impuesto de renta a quienes devenguen más de €1 millón al año.
Los afectados han respingado. Según dicen, se debe “relanzar el crecimiento y el empleo en un espíritu de diálogo”, “luchar contra un déficit sin precedentes del comercio exterior, de sus pagos corrientes, de las finanzas públicas y las cuentas sociales” concluyendo que Francia debe transformarse “profundamente actuando deprisa y colectivamente.”
En materia de competitividad sostienen que el gasto público, un 56% del PIB, debe reducirse unos tres puntos porcentuales para lograr un ahorro de €60 mil millones los próximos cinco años. Para lograrlo proponen un incremento del IVA al 21% y una reducción al impuesto de sociedades.
En materia de innovación, y asociado también con empleo y energía, proponen exención de impuestos para que el recién creado Banco Público de Inversión (el nombre evoca a nuestra cacareada, nunca realizada, Banca de Desarrollo) lance una “una oferta de capital larga y densa”. Hay más demandas. Quieren colaborar con el mundo de la investigación pública, limitar los esfuerzos de esta a 15 sectores que son económicamente rentables, piden “luchar contra el cambio climático sin dañar la competitividad”, exigen mayores oportunidades y menores cargas.
Ofrecen a cambio, hacer del código de conducta patronal “uno de los más estrictos del mundo”. A tal efecto, las dietas de los directores deberían someterse a la aprobación de la Asamblea de Accionista de forma anual, crear una super Fiscalía al tenor de nuestro Código de Comercio — denominado alto comité de gobierno corporativo— que tenga la facultad de intervención en la empresa. Parece poco frente a las peticiones pero es un buen arranque.
Se me ocurre pensar, si de cara a la banca estatal o las instituciones públicas, llámense CCSS o ARESEP por citar solo unos ejemplos, implementamos las dos míseras propuestas del empresariado francés indicadas anteriormente, ¿cuánto mejoramos?
Muchísimo. El francés que es un sistema de asistencia y gasto social público con alcances similares al nuestro, así su aporte al PIB sea muy superior al 25% nuestro. De todo hay que aprender y tenemos en materia de las instituciones públicas mucho por aprehender.
Suele suceder que este mundo no solo está al norte del Río Bravo como esta semana supone.

Pedro Oller