Logo La República

Lunes, 19 de agosto de 2019



COLUMNISTAS


¿Cuál es el juego político hoy en Costa Rica?

Vladimir de la Cruz [email protected] | Miércoles 24 julio, 2019


Nadie puede negar que en Costa Rica vivimos una democracia política, una democracia social, y una democracia económica, por lo demás bien reconocida internacionalmente.

La democracia política sustentada en el desarrollo del régimen, o de la institucionalidad republicana, que ladrillo a ladrillo, se ha venido construyendo desde 1821, desde que nos declaramos independientes de España, bebimos del republicanismo de la República Federal y emprendimos la construcción Republicana autónoma a partir de 1848.

Esta democracia política se abonó constantemente, a pesar de los vaivenes de la inestabilidad política del siglo XIX, manifestada en los conflictos internos y en diez constituciones políticas, por el desarrollo de un régimen de libertades y derechos, de reconocimientos políticos y sociales, poco a poco, de los distintos sectores de la población, y de su incorporación a la discusión de la vida política, y al fortalecimiento de su representación institucional, para llegar a la Costa Rica actual, pluricultural y participativa, en su gestión de Gobierno popular, alternativo, representativo y responsable.

En el Siglo XX logramos superar los escenarios de los golpes de estado y las dictaduras, y rompimientos del proceso constitucional democrático, como fueron los períodos de Federico Tinoco y de José Figueres durante la Junta de Gobierno, para salir robustecidos, en estos últimos 70 años de Historia costarricense, donde resultado de ello fortalecimos nuestra vocación por la civilidad, por la cultura antimilitar con la abolición del ejército, ampliamos la educación, la cultura y las artes en general, por mejoramos la democracia, y abrimos el país sin temor a procesos migratorios que nos han contribuido en el desarrollo.

A pesar de los lunares impuestos al régimen electoral desde 1948 hasta 1975, hoy hemos reconstruido la democracia electoral más sólidamente, más pluripartidista, más responsable, con el voto universal y la paridad electoral impuesta, con el voto de los jóvenes mayores de 18 años, con la existencia de los institutos de la participación ciudadana, del Referéndum y el Plebiscito, e institucionalmente, desde 1989, le hemos dado vida a la Constitución Política con la existencia de la Sala Constitucional o Sala IV, como se le conoce popularmente.

La democracia política se ha fortalecido, desde 1890, cuando hemos hecho descansar, en el sistema de partidos políticos el eje de la vida democrática electoral, pero no hemos fortalecido a los partidos políticos, como se debiera para que sean verdaderos actores, de primera línea, en este proceso nacional.

Hoy muchos partidos son de papel, existen ad hoc, solo para las elecciones, nacionales o cantonales. Los grandes partidos históricos nacionales, el partido comunista, casi ha desaparecido, el socialdemócrata y el socialcristiano se han debilitado, nuevos han nacido tullidos, y otros son totalmente parasitarios del sistema político y parlamentario.

El liderazgo político y el caudillismo político, en el buen sentido, es casi inexistente en la realidad política nacional. Hoy hay mas líderes políticos electrónicos y de las redes sociales, falsos e ilusos, que los reales y creíbles que son tan necesarios. Hoy estamos en las puertas de la cultura de los antihéroes políticos, de cualquier signo que sean.

No hay modelos políticos a imitar positivamente. Hay tendencias populistas a seguir que pueden provocar más daño al logro institucional y democrático que hasta hoy hemos alcanzado.

La democracia social la hemos ido puliendo, igualmente desde el siglo XIX. Hasta 1875 Costa Rica empezó a diferenciarse en el nivel de la conciencia en una sociedad dividida en clases sociales, al tiempo que se imponían políticas publicas audaces, desde 1869, de obligar a la educación de los niños y adolescentes, y de empezar a mirar el futuro desde la ventana de la educación y el trabajo, con política que poco a poco también fueron orientadas a procurar la movilidad social, las oportunidades de superación.

El resultado más visible de la democracia social, lograda, no por positivo, es la democracia de los igualados que se ha constituido en la realidad política nacional. Su expresión más rica, evidenciada en encuestas nacionales e internacionales, es la de considerarnos el país y el pueblo más feliz.

Pero, expresión directa de manifestarse es la del insulto, la ofensa, la difamación, la mentira, la calumnia contra cualquier tipo de líderes que asomen la cabeza, pero además es la práctica social ya no de bajar o serruchar el piso, sino de debilitar las instituciones política en su excelencia para hacerlas cada vez menos creíbles y confiables, de pintarlas como perversas y malébolas, anti pueblo. Así se cuestiona la Democracia, la Institucionalidad, los Partidos Políticos, los Poderes Públicos, los dirigentes políticos, los integrantes de estas instituciones, a quien destaque en algún campo, sin proponer salidas alternas.

Con las transformaciones económico institucionales, después de 1948, la igualdad se proyectó a todo el país, con la red eléctrica y el sistema de salud pública y la nacionalizacóon bancaria al servicio del desarrollo y de la producción, como ejes principales de este impulso, así como la ampliación del sistema educativo, que empezó a darse más regionalmente. Igual fue con todas las políticas que desde el Estado y los Gobiernos se impulsaron con carácter benefactor y asistencialista, que aunque no acabaron con la pobreza creciente durante el siglo XX, la mitigaron y le pusieron un límite existencial, que dolorosamente se ha debilitado.

Las diferencias campo ciudad tendieron a reducirse. Hoy la distorsión del modelo económico ha tendido a agravar estas diferencias entre el Valle Central, o la Gran Area Metropolitana y las regiones periféricas y costeras.

La democracia económica no ha estado en función de una mayor distribución equitativa de la riqueza nacional. Ha estado en función, sobre todo, de asegurar un modelo de producción y de economía que satisfaga, dentro de lo posible, bajo la forma como se ha desenvuelto la gobernabilidad en el país, las necesidades nacionales de los diversos sectores productivos, de atracción de inversión extranjera directa, para con ello asegurar empleo, trabajo, salarios. Ha estado en función de desarrollar nuevos sectores económicos y productivos, ya no solo grandes, sino medianos, pequeños y micro empresarios o productores, de fortalecer desde principios del siglo XX el sistema cooperativo, hoy también el solidarista y la gestión de emprendedores que se impulsa institucionalmente, en los últimos tiempos, con apoyo universitario.

Desde el punto de vista de la producción nacional haber dejado el sistema monoproductor, de café, banano y azúcar, para tener una canasta de más de 5000 productos de exportación es sin lugar a dudas un éxito nacional. Haber abierto los mercados internacionales, para no depender de solo uno es otro éxito nacional. Haber facilitado la inversión extranjera y la migración laboral, es otro punto en esta dirección.

Esta democracia económica tiene su talón de Aquiles en el trabajo y la productividad informal. A esto hay ponerle atención y priorizar en lo que se pueda para ver cómo se soluciona esta situación y disminuir su impacto.

En sus diversas etapas de desarrollo histórico, desde los años iniciales de la Independencia, hemos mejorado como Nación, como Pueblo, como sociedad. La calidad y la expectativa de vida de los costarricenses ha ido mejorando y creciendo como resultado de este esfuerzo nacional. Esto no se puede negar.

Podemos preocuparnos de la caída de índices en las diversas escalas de este proceso. Así ha sido también en el pasado. Pero la preocupación solo puede conducirnos a buscar las salidas y soluciones para evitar el despeñadero y salir adelante, para dar ese gran paso adelante en el desenvolvimiento histórico nacional. Hay que procurar y luchar por convertir los reveses históricos en victorias. Pero esto no es una tarea fácil ni individual. Es una tarea nacional, conjunta, solidaria, unitaria, colectiva, es una tarea de todos.

Cuando hoy hay personas que cuestionan el accionar público, el juego político, la vida política nacional, hay que poner atención a qué le ponen el ojo.

Los que son políticamente revolucionarios, especialmente de izquierda, como norte tienen la Revolución Social y Política, si aún mantienen estas banderas, que casi no se agitan hoy nacionalmente.

Los que son demócratas su norte es el desarrollo y fortalecimiento de la Democracia política, la democracia liberal, que tenemos.

Los que son fundamentalistas religiosos hoy, en el país, pretenden desarrollar un sistema político y de vida que descanse en esas orientaciones fundamentalistas, nada democráticas y alejadas de la ampliación de Derechos Civiles, libertades públicas y Derechos Humanos.

Revolucionarios, Demócratas o Fundamentalistas tendrán su norte en la mira con un pluri y multi partidismo o desde una perspectiva de partido único, situación que no es viable en el país.

El eje de esta cuestión no es si es mono o pluri partidismo para impulsar la Revolución o la Democracia, el Fundamentalismo.

Si el juego político hoy es por la Democracia, apostemos a la Democracia, luchemos por la Democracia.

Como no tenemos una Revolución en marcha ni en ejecución, hay que decir con claridad que el camino costarricense, en este momento, es fortalecer la Democracia, con el sistema multi partidista que tenemos, no para hacerla retroceder, sino para hacerla avanzar, para tratar de superar esas cadenas internas de retrasos económicos o sociales que gravitan y pesan, para producir la confianza suficiente que permita unir el mayor esfuerzo nacional en esta tarea, dentro de un cauce pacífico de desarrollo institucional y político.

Ningún proceso de desarrollo y fortalecimiento de la Democracia Nacional puede hacerse a espaldas del pueblo, o contra el pueblo, hay que hacerlo con el pueblo. Hoy hay que tomar en cuenta al Pueblo en su diversidad de actores con que se expresa.

El carácter democrático del país se marca por las transformaciones políticas, económicas, sociales, culturales, educativas democráticas que se tengan, que se impulsen, que los distintos sectores del país las tengan como propias, de todos, como colectivo nacional que somos.

La iniciativa democrática nacional no puede ser ahogada por las posiciones conservadoras explícitas existentes en la sociedad costarricense hoy.

En todo escenario político democrático, y de transformaciones democráticas, existen antihéroes democráticos, algunos de ellos turbios, enfermizos, incultos, ignorantes en general, otros con cultura general y cultura política que sí saben alimentar la pasión, la desesperanza, la desconfianza, el desempleo y el hambre de las gentes. A esto tenemos que ponerle cuidado con urgencia nacional.