Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 26 Febrero, 2009

De cal y de arena
Cuál crisis

Alvaro Madrigal

Las noticias sobre la crisis financiera, económica y social que abate al mundo exterior han sido recibidas con indiferencia por buena parte de la sociedad costarricense, cuyo comportamiento sigue inmune a las secuelas que podrían traer el derrumbe de economías muy poderosas y la quiebra de grandes conglomerados financieros e industriales. No hablamos de los pobres en extremo, de los pobres excluidos, de cuyo sino nos ha hablado el Arzobispo de San José; ellos no participan del vacilón. Son otros grupos sociales los que siguen ceñidos a formas de vida propias de la bonanza de otros tiempos cuando adquirieron el vicio del consumismo desbordado, ya incompatible con la contracción económica y con su inseparable compañero, el desempleo, que se anticipa de dimensiones devastadoras. Están en media rayería con el paraguas abierto.

La administración Arias ha propuesto el “plan escudo” para hacer que el país salga lo menos mal quebrado de la crisis. Sorprendentemente, el plan como que no tiene padrino a juzgar por la desganada defensa que de él ha hecho el mismo gobierno, sin los bríos, la pasión ni la intensidad con que don Oscar y sus ministros libraron la cruzada por el TLC del brazo del sector empresarial. Este le brinda un condicionado respaldo en tanto gremios de asalariados y académicos circunscriben su adhesión al capítulo de la asistencia social y combaten la receta laboral denominada “2 x 1”. Uno y otro hecho mueven a pensar que el plan requiere borrones, retoques y añadidos, particularmente en vista de las dudas sobre su eficacia para potenciar el aparato productivo, donde hay todo un abanico de opiniones. ¿Cómo se reactiva la demanda, cómo se anticipa el desempleo? ¿Sirven al efecto la rebaja del encaje mínimo legal, del impuesto a la renta, del impuesto de ventas y del plazo de la depreciación? ¿Qué hacer, privilegiar el gasto o la inflación; introducir la denominada “flexibilización laboral”; expandir la inversión pública; la deuda subordinada; y qué en política sobre moneda y crédito? Hay quienes visualizan tiempos más tormentosos. Entonces, ¿a qué otras medidas echar mano? Por cuanto todos vamos a salir empapados, es de reclamar un amplio análisis en público que oriente al ciudadano y es de pedirle a la prensa que le brinde un tratamiento más profesional a este expediente, propiciando los debates cara a cara en que autoridades en la materia confronten posiciones, aborden contenidos y sugieran otras opciones. Las criterios que provoca el “plan escudo” se han ido difundiendo en forma aislada, por un medio y por otro, pero sin la iniciativa del periodismo —que informa y a la vez forma— para convocar a un debate con el formato apropiado a fin de que los expertos opinen sobre cuestión tan importante. ¿Será esperar mucho? El “plan escudo” lamentablemente no ha sido motivo para polemizar, debatir cara a cara, confrontar ante cámaras. Quizá porque estamos en tiempos en que los temas cruciales no tienen espacio en la agenda del periodismo corrongo que en cambio, con fruición y visión mercantilista, vuelca sus recursos al “chirriche”, la farándula y los jumas de la carretera.