Roberto Dobles

Roberto Dobles

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Lunes 31 Julio, 2017

Crudas realidades y la insuficiente generación de nuevas fuentes de riqueza nacional (II)

El Ministerio de Hacienda indicó el 20 de julio pasado que el déficit fiscal creció más en el primer semestre de este año, que el 46% de los gastos del presupuesto se financia con deuda y que el país está actualmente en el límite del endeudamiento.

El director del Departamento de Economía de la OCDE les dijo este mes a los diputados “que el grado de endeudamiento del país es casi tres veces el volumen de ingresos anual del Gobierno”, que este endeudamiento “es el más alto que existe en América Latina, después de El Salvador” y “que Costa Rica es percibida por los inversionistas como un país donde el riesgo es uno de los más grandes de América Latina”.

Dentro de este alarmante entorno, el Gobierno planea endeudarse en dólares en el exterior como parte de su estrategia para enfrentar el creciente déficit fiscal. Con esta acción, el país se vería forzado a pagar altas tasas de interés porque la calificación internacional del riesgo soberano nacional ha venido cayendo y porque en este momento esta calificación es de tipo especulativo, dadas las circunstancias actuales. Esto provocará que el nuevo endeudamiento aumente aún más el gasto público en el futuro. Pero al ser en dólares, el país se expone también al creciente riesgo cambiario, el cual podría aumentar todavía más el gasto con una devaluación futura del colón.

Además, el endeudamiento únicamente sirve para resolver temporalmente el serio problema de tesorería que existe actualmente, pero no resuelve el problema de fondo y más bien lo agravará en el futuro.

Por otro lado, el creciente déficit fiscal y el creciente endeudamiento interno y externo no solo afectarán más al Estado, sino que también afectarán más a la ya endeble economía nacional.

Y mientras la carencia nacional de recursos, el déficit fiscal y el endeudamiento interno y externo crecen sin cesar y amenazan con crear un tsunami fiscal y una seria crisis económica y social, el país se da el “lujo” de realizar continuamente grandes y crecientes transferencias de recursos fiscales y no fiscales y de divisas a los países de donde importamos los caros derivados de petróleo.

Como estas transferencias son en dólares, al igual que el endeudamiento externo, el país se expone también al creciente riesgo cambiario, lo cual podría aumentarlas aún más con una devaluación futura del colón. Y adicionalmente, estas masivas y crecientes transferencias en dólares podrían crecer todavía más debido a la alta volatilidad que tienen los precios internacionales del petróleo. La evidencia que demuestra este alto riesgo es contundente. Basta con analizar los grandes y nocivos impactos económicos y sociales que han tenido en el país los grandes y rápidos aumentos de los precios internacionales del petróleo que han ocurrido en el pasado.

Contrario a lo que la política energética predica, la cual está basada en dogmas sin sustento en estudios técnicos, los estudios oficiales del Ministerio de Ambiente y Energía y de RECOPE sobre el consumo petrolero actual y futuro muestran que el país no solamente no está reduciendo las importaciones petroleras, sino que más bien las está aumentando a un ritmo muy elevado.
El crecimiento proyectado anual en el largo plazo es tres veces más elevado que el crecimiento mundial. Mientras que el Ministerio de Ambiente y Energía proyecta un crecimiento promedio del 2,6% anual del consumo petrolero nacional, el crecimiento futuro mundial está estimado en un 0,7% anual.
Estos estudios oficiales muestran también que la dependencia petrolera nacional no solamente es actualmente de casi las 2/3 partes del consumo energético nacional, sino que esta proporción se mantendrá en estos altos niveles en el largo plazo, por lo que el petróleo importado continuará siendo por mucho la principal fuente de energía del país durante varias décadas.
Contrario a lo que se predica, la cruda realidad de la política petrolera nacional es alarmante y nefasta para el país:

• Enriquecimiento creciente y continuo de países y empresas, a costa nuestra, mediante las crecientes y continuas transferencias al exterior de las grandes cantidades de recursos fiscales y no fiscales y de divisas asociadas a las importaciones petroleras. Estas transferencias aumentarán continuamente durante décadas a los mismos niveles de crecimiento de las importaciones petroleras y de precios internacionales del petróleo.

• Favorecimiento del enriquecimiento de países y empresas en el extranjero mediante el impedimento que se ha establecido para desarrollar los yacimientos potenciales de recursos fiscales y no fiscales y de divisas que se encuentran en el potencial de gas natural y de petróleo que se ha identificado en varias zonas del país.

Como la ha indicado el Colegio de Geólogos, la política petrolera nacional “es un rotundo ‘Sí a los hidrocarburos importados’ y un ‘No a los recursos nacionales’”. Este colegio profesional también ha señalado que está “demostrado que nuestro país tiene un considerable potencial para explotar petróleo y gas natural” y que “el país no se puede privar de la posibilidad de utilizar energía de bajo costo, con el beneficio adicional de importantes recursos fiscales para el Estado”.

El favorecimiento a países y empresas petroleras en el exterior en contra de los recursos nacionales potenciales se está haciendo igualmente en contra con lo dispuesto en la Ley 7399 y sus reglamentos. Los objetivos de esta ley, señalados claramente en su Artículo 2, son “desarrollar, promover, regular y controlar la exploración y la explotación” de gas natural y petróleo en el territorio nacional, “asegurar su uso racional”, “preservar y proteger el ambiente” y “garantizar los intereses del Estado”, los cuales incluyen los correspondientes recursos fiscales que esta actividad genera, entre muchos otros aspectos señalados por esta ley.

• Continuidad durante décadas de la alta dependencia nacional del petróleo importado y de la baja competitividad energética que tiene actualmente el país, la cual obstaculiza el desarrollo económico y el bienestar social.

• Deterioro continuo adicional de la ya de por sí baja competitividad energética nacional al no buscar esta política tampoco la introducción del gas natural en el mix energético nacional, particularmente para sustituir las masivas y crecientes importaciones petroleras.

La no introducción del gas natural en el mercado energético nacional también va en contra de los intereses nacionales. Como lo señalan todos los estudios internacionales sobre la evolución del consumo energético mundial, el gas natural destronará al petróleo en el futuro de su primer lugar y se convertirá en la principal fuente de energía del mundo por ser mucho más barato, abundante y ambientalmente superior. En ese momento el petróleo no desaparecerá, sino que pasará al segundo lugar, por lo que seguirá teniendo una participación importante en el mundo en los años siguientes.

En muchos de estos países la sustitución progresiva de petróleo por gas natural nacional está aumentando adicionalmente y de manera simultánea la competitividad nacional y la generación de gran cantidad de recursos fiscales y no fiscales y de divisas. Esto les está dando una creciente ventaja competitiva sobre países como Costa Rica.

A nivel internacional se tiene claro que la transición energética es un largo proceso que durará décadas y que la producción de petróleo y de gas natural genera una gran riqueza nacional porque son las dos actividades económicas en el mundo que más generan recursos fiscales y no fiscales y divisas.

Entonces, si vamos a consumir derivados de petróleo en grandes y crecientes cantidades en las próximas décadas, como lo indican los estudios del Ministerio de Ambiente y Energía y de RECOPE, y si vamos a seguir transfiriendo al exterior durante varias décadas grandes y crecientes cantidades de recursos fiscales y no fiscales y de divisas beneficiando a terceros en el exterior, es mejor entonces que esta enorme cantidad de recursos sea nuestra y que se quede aquí para el beneficio y el desarrollo nacional. Lo anterior durante el tiempo que exista este tipo de consumo energético en el país y en el mundo.

Por esta razón es que muchos países han introducido nuevas fuentes de riqueza nacional que, junto con las actuales, les permiten potenciar su desarrollo y el bienestar de las actuales y futuras generaciones. Noruega es uno de estos países productores y exportadores de gas natural y petróleo, que no solamente son muy exitosos económica, social y fiscalmente, sino que a la vez tienen un alto desempeño ambiental que es muy superior al de Costa Rica.

Estos países consideran que, durante las décadas que durará la transición energética hacia nuevas fuentes de energía sustitutas del petróleo, es mejor y más responsable que la gran riqueza petrolera (y gasífera) se quede en su país, en lugar de crearla en el extranjero a través de grandes y crecientes importaciones petroleras que solo benefician a otros a costa del bienestar de sus habitantes, sus empresas y el Estado.

Las políticas en Costa Rica no solo promueven lo opuesto a lo que están haciendo estos países exitosos, con los resultados que todos conocemos, sino que además suponen erradamente que las fuentes actuales de riqueza nacional tienen “yacimientos potenciales” de recursos fiscales con una “capacidad ilimitada”, por lo que consideran entonces que no es necesario acceder a los yacimientos de recursos fiscales de las nuevas fuentes potenciales de riqueza nacional que han sido identificadas en varias zonas del territorio nacional.