Crisis migratoria de la Unión Europea está lejos de terminar
Angela Merkel, canciller de Alemania, habla sobre su política migratoria y las regulaciones pertinentes. Bloomberg/La República
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La canciller alemán, Angela Merkel, puede haber ajustado sus políticas después de la afluencia de refugiados del año pasado. Pero, de todos modos, el domingo fue castigada por los votantes de su propia circunscripción de Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Es una señal de que la crisis inmigratoria de la Unión Europea está lejos de resolverse.
Desde marzo, cuando Merkel impulsó tenazmente un acuerdo de la Unión Europea (UE) con Turquía para que los migrantes indocumentados que llegaran a las islas griegas desde Turquía fueran enviados de vuelta, el flujo de refugiados de Turquía a Europa disminuyó considerablemente. Eso no es porque el acuerdo esté funcionando como está escrito: según la agencia de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, solo 468 personas han sido devueltas a Turquía desde marzo en nueve entregas, una pequeña fracción de las 16 mil personas que llegaron a las islas griegas desde Turquía entre marzo y setiembre.
La mera posibilidad de ser enviado de vuelta a Turquía ha reducido el número diario de llegadas a las islas griegas a 111 en agosto desde 6 mil en octubre de 2015. Es un efecto psicológico que no se ve mitigado por la evidente tensión entre Turquía y la UE, causada por una parte por la inquietud de los europeos con el autoritarismo del presidente turco Recep Tayyip Erdogan y por otra por el resentimiento de Turquía ante la lentitud de la UE en el envío de ayuda financiera para los refugiados y la abolición de los visados de corta duración para los turcos.
Además, los países a lo largo de la ruta migratoria desde Turquía han reforzado la publicidad negativa de la ruta: Macedonia, por ejemplo, prácticamente ha cerrado su frontera con Grecia. A esta altura ya resulta claro que, aunque lejos de resolver el problema, ese tipo de disuasión de boca en boca hace que rutas de migración más largas y peligrosas parezcan más atractivas.
La mayoría de las personas llegan a través de Libia, un país con el que la UE no logra llegar a un acuerdo similar al de Turquía. El “gobierno de acuerdo nacional" del país ha rechazado la posibilidad, porque no quiere comprometerse a recibir refugiados enviados de vuelta. El Estado de Libia no tiene dinero, ni infraestructura ni la autoridad suficiente para albergar refugiados como Turquía hace con los 2,7 millones de sirios que ha recibido temporalmente en comunidades de acogida y campamentos.
Dado que Europa no puede enviarlos de regreso a Libia, actualmente esa ruta es preferible a la turca, a pesar de que la probabilidad de morir en el mar es mucho más alta en un viaje de Libia a Italia que en uno de Grecia a Turquía. Eso explica por qué el número de migrantes que mueren o se extravían en el mar no ha bajado desde el año pasado.
Según la Oficina Federal de Migración y Refugiados de Alemania, se presentaron más solicitudes de asilo de enero a julio de 2016 que en todo el 2015: 479.620 en comparación con 476.649. Así que el número de solicitudes está aumentando en lugar de disminuir.
Aunque el número de llegadas ha bajado a causa del endurecimiento de las políticas, el servicio de migraciones ha estado procesando una enorme cantidad de casos acumulados. La afluencia constante de nuevas solicitudes significa que más personas están llegando y que algunos de los que llegaron antes siguen siendo indocumentados. Esto significa que ni siquiera han comenzado a integrarse a la sociedad y al mercado laboral alemán, aunque planeen hacerlo con el tiempo.
La presencia de cientos de miles de recién llegados en un limbo burocrático no hace nada para arreglar el problema político de Merkel. En Mecklemburgo-Pomerania Occidental, su partido sólo obtuvo 4 puntos porcentuales menos que en 2011, y probablemente todavía será parte de la coalición de gobierno encabezada por los Socialdemócratas, que ganaron una pluralidad igual que en 2011. Sin embargo, la Unión Demócrata Cristiana fue superada por el partido anti-inmigrante Alternativa para Alemania (AFD, por sus siglas en alemán) que, con el 20,8% de los votos, es ahora el segundo más fuerte en el estado.
Mecklemburgo-Pomerania Occidental es un estado pequeño, y la AFD no lo gobernará, pero el desempeño del partido ha sido sin precedentes para una fuerza de derecha alemana, y representa un peligro para Merkel si decide volver a postularse como candidata para canciller el próximo año y para su partido de centroderecha si deja el cargo. La política interior alemana dicta la necesidad de una solución menos improvisada a la crisis de los refugiados que el acuerdo con Turquía.
La crisis está lejos de terminar, y eso no ocurrirá en tanto la guerra en Siria y la anarquía en Libia continúen. Europa no puede ser una fortaleza inexpugnable, por lo que necesita ser una fuerza más fuerte por la paz.


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