Alejandro Madrigal

Alejandro Madrigal

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Martes 9 Junio, 2015

No hay tregua y el descontento social tan grande se acumula y estalló nuevamente en las elecciones del pasado 7 de junio (en México)

Crisis en México, Guatemala y Honduras


Países vecinos y hermanos de Costa Rica, hoy estos tres países no solo comparten esas características, sino también muchas otras: actualmente los tres son gobernados por partidos de derecha tradicionales acostumbrados al exceso de poder; sus gobernantes se han visto involucrados en fuertes escándalos de corrupción; su pueblo está furioso, hay gran efervescencia social, violencia, represión policial y crisis política; y por último, a pesar de todo esto, parece que la prensa internacional ni la sociedad le han dado suficiente importancia a lo que ocurre en ninguno de ellos.
Es poco frecuente abrir un periódico y que no haya noticia alguna acerca de algo que sucede en Venezuela. Sea lo que sea, lo que pasa en Venezuela es noticia y genera indignación en mucha gente. Y sin lugar a dudas, lo que sucede hoy en México, Guatemala y Honduras es de tanta y puede que aún más gravedad de lo que los medios denuncian sobre Venezuela. Echemos un primer vistazo:
En México, desde las elecciones presidenciales de 2006 viene creciendo la desconfianza en el sistema electoral: con la cuestionable victoria de Felipe Calderón con alrededor del 0,6% de los votos en medio del manejo oscuro del proceso, con la victoria del actual presidente, Enrique Peña Nieto, en medio de la parcialización absoluta de las grandes televisoras, la acumulación de más de 70 años de gobierno del PRI, y las miles de denuncias y casos por manejo no transparente de los procesos, cada día menos mexicanos creen en la forma en la que eligen a sus gobernantes, en la ahora llamada “democracia de telenovela”.
A ello se le debe sumar la norma de violencia e inseguridad de un país manejado por el narcotráfico y el crimen organizado: miles de personas desaparecidas en las últimas décadas, decenas de periodistas que mueren cada año, el incendio en la guardería ABC y la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa, gota que acabó con la escasa paciencia que quedaba. Al tiempo que el gobierno les presta más atención a sus medidas privatizadoras, y se le destapan escándalos que asocian a EPN con corrupción inmobiliaria y la tragedia de Iguala.
No hay tregua y el descontento social tan grande se acumula y estalló nuevamente en las elecciones del pasado 7 de junio: protestas, toma de centros de votación, quema de papeletas y material electoral, principalmente en Guerrero y Oaxaca, toma de edificios, represión y violencia por parte de la policía y el ejército, decenas de heridos y detenidos, precandidatos asesinados y al menos una decena de civiles muertos se suman a las miles de denuncias por corrupción en el proceso electoral, millones de dólares en multas para el Partido Verde (partido apéndice del PRI), compra de votos, la mínima pero suficiente victoria del PRI y al menos 1,7 millones de votos nulos.
El nivel de violencia y efervescencia fue tal, que los observadores de la OEA en Oaxaca tuvieron que abandonar el estado, y luego de todo esto tuvieron el descaro de decir que la jornada electoral transcurrió con normalidad y tranquilidad.
La situación en Honduras y Guatemala no se aleja mucho de la realidad mexicana. Pero se requiere al menos otra página para describir lo que ocurre en los hermanos países centroamericanos y para analizar por qué la escasez de papel higiénico en Venezuela es más noticia que todo lo que sucede en los vecinos más al norte de nuestra América. Por ahora, es un cuestionamiento digno de reflexionar para el lector.

Alejandro Madrigal