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Crisis financiera y las Calificadoras de Riesgo Internacionales

Autor Rodrigo Alberto Calvo
Economista
Sociedad Calificadora de Riesgo Centroamericano S.A.

En los últimos meses, el principal tema de conversación en el mundo financiero ha sido la crisis que se vive en la actualidad a nivel global, la cual a las puertas de una recesión mundial oscurece el horizonte y las expectativas de crecimiento económico del mudo entero. Ante esta situación, la tragedia que viven las familias altamente endeudadas muchas de las cuales han perdido sus trabajos, automóviles, hogares y modo de vida en general, ha atizado el clamor popular por la búsqueda de los culpables de esta crisis sin considerar que los culpables somos todos los agentes económicos.
A pesar de la complejidad del tema, es posible enumerar grandes grupos de culpables, de los cuales el primero, no el más importante, de ellos son las familias norteamericanas cuyos hábitos de consumo las llevaron a endeudarse de forma inusual para comprar casas y autos de lujo, viajes al exterior y costearse placeres que en otro escenario no podrían hacerlo. Las entidades financieras que no solo extendieron créditos de alto riesgo, créditos hipotecarios subprime, sino que desarrollaron titularizaciones basadas en estos préstamos y los colocaron en el mercado de capitales; el Gobierno norteamericano cuya débil legislación permitió la desenfrenada carrera por la colocación del exceso de liquidez que el mismo Gobierno introdujo y por el incremento en las ganancias de las entidades financieras, y por último, las calificadoras de riesgo que en palabras de Joseph Stiglitz “fueron las alquimistas que convirtieron instrumentos de muy alto riesgo en instrumentos de poco riesgo”.
En relación a las calificadoras es necesario enumerar los aspectos en su comportamiento que contribuyeron a esta crisis, por lo que resulta fundamental comprender que su existencia se deriva de la necesidad de los inversionistas de obtener información técnica e imparcial sobre el riesgo de un instrumento financiero de no cumplir con sus obligaciones.
Primero, la expansión en los servicios ofrecidos por las calificadoras de riesgo sobrepasó las funciones propias de la empresa. Segundo, el diseño de instrumentos financieros y su posterior calificación por parte de las mismas calificadoras llevó a un problema de riesgo moral ya que ambas actividades encierran intereses contradictorios. Y, tercero, las detecciones en las debilidades de los procesos por parte de las calificadoras internacionales evidenciadas en el análisis de la información disponible.
Parece evidente que la débil supervisión de las calificadoras de riesgo internacionales fue una de las grandes causantes de esta crisis, ya que si estas asumen un papel analítico sobre el comportamiento de los emisores de instrumentos financieros surge la incógnita: ¿Quién analiza el comportamiento de las calificadoras? Parece indiscutible que la débil regulación no solo permitió el comportamiento de las entidades financieras que llevó a esta crisis sino que llevó a las calificadoras a realizar funciones que no solo eran inconsistentes con su accionar sino contradictorias con su naturaleza.
Finalmente, resulta necesario indicar que si bien los efectos de esta crisis para la economía costarricense son inevitables, la regulación sobre las calificadoras de riesgo locales evita la asunción de este comportamiento destructivo, además de la confiabilidad que sobre la ética y profesionalismo de ellas es válido mantener.
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