Nuria Marín

Enviar
Lunes 22 Noviembre, 2010


Creciendo [email protected]
Costa Rica a prueba

Los países así como las personas se ponen a prueba en los momentos difíciles. Hemos sido un país amante de la paz, de los derechos humanos, de la tolerancia, del respeto al derecho y al diálogo y el ejercicio de la negociación como la vía por excelencia para dirimir las diferencias.
Estos principios y forma de ser tan arraigada en la psique costarricense no pueden ser debilitados por las irresponsables acciones de un pequeño grupo de personas al mando del gobierno de nuestro hermano país, Nicaragua.
La historia se repite una y otra vez, y tratándose de las relaciones tico-nicaragüenses, como lo indiqué en mi columna anterior, Daniel Ortega se está valiendo del ya trillado camino que tantos otros políticos nicaragüenses usaron en el pasado de provocar conflictos con Costa Rica, entre otras razones, para ganar el favor popular u obtener réditos electorales.
Con un gran tino y un acervo de experiencias, ya lo decía nuestro tres veces presidente don Ricardo Jiménez, que en Costa Rica existían tres estaciones: “la lluviosa, la seca y los problemas con Nicaragua…”
En las últimas semanas, el gobierno de Nicaragua inicia labores de dragado en el río San Juan, sin los estudios técnicos del impacto ambiental y provocando un profundo e irreparable daño a importantes zonas protegidas en ambos países.
Acto seguido, invade ilegítimamente nuestro territorio mediante el envío de tropas a la Isla Calero, y negándose luego, pese a una bien justificada y contundente votación por el Consejo Permanente de la OEA al retiro de tropas.
Nuestra paciencia ha sido además puesta a prueba por el gobierno vecino por la falta de buena fe, la omisión de respuestas, y la utilización de variadas cortinas de humo, en las que la creatividad e irresponsabilidad no han tenido límite ni vergüenza.
Todo lo anterior no puede, sin embargo, en modo alguno hacernos desfallecer en nuestra convicción del uso del derecho y de los órganos multilaterales como la más férrea columna vertebral de la defensa de nuestros derechos y de la soberanía.
Tampoco puede convertirse en una justificante para cuestionar nuestra vocación pacifista. Con gran preocupación, he escuchado personas cuestionando las bondades de una de las más importantes decisiones de nuestra historia patria, la abolición del ejército. Esto no lo podemos permitir.
Uno de los objetivos detrás del conflicto es exacerbar sentimientos y resentimientos históricos. La historia muestra las depravaciones que la xenofobia puede provocar y en los últimos días hemos visto cómo voces y sentimientos nefastos han emergido en ambos países. Esto tampoco lo podemos permitir.
Hoy hago un llamado para que los ticos convirtamos este conflicto en una maravillosa oportunidad para que le demostremos al mundo una vez más por qué somos un país de derecho y tolerancia a pocos años de celebrar su democracia bicentenaria.

Nuria Marín