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Lunes 22 Diciembre, 2008

Contaminación en playas


Por la televisión se ha puesto de manifiesto la contaminación fecal en Jacó y Tamarindo, por citar dos lugares de belleza histórica. Nos muestran la contaminación superficial en ríos y riachuelos, pero dejan de lado muchas fuentes. Por ejemplo, usted puede identificar en las arenas contaminadas la materia fecal, pues presenta manchas blancuzcas y bombitas como de jabón. Son producto de los tanques sépticos, un medio para acumular las excretas que puede funcionar en tierra, pero que no funciona del todo a menos de 500 metros de la playa, donde el sustrato arenoso se halla a centímetros de la superficie, aunque usted por encima vea tierra.
Así las aguas negras de toda índole, bajan por gravedad hasta la playa y no solo en la superficie, lo hacen hasta decenas de metros de profundidad, justo en la frontera donde la playa se sumerge en el piso del mar.
En esta frontera se produce un intercambio de flujos que marca un balance importante en nutrientes naturales para los ecosistemas marinos del litoral, donde la introducción de contaminantes degrada el ambiente inexorablemente.
Por otro lado, recordemos que una vez que los contaminantes llegan al litoral, son trasladados fácilmente por las corrientes y en un día pueden recorrer desde 20 hasta 100 kilómetros. Por ello confiamos que la evaluación que realiza el programa Bandera Azul y el Ministerio de Salud, tenga la seriedad del caso y no solo incluya lo que nos mostraron las cámaras, sino también estas variables dinámicas fundamentales.
Solo a través de un monitoreo periódico en aguas marinas y submarinas, podremos conocer con certeza si las aguas de aquella playa y sus vecinas, no van a enfermar a nuestros hijos y no atentan contra la vida de los organismos marinos.
Para vigilar la salud de su familia, debe tener presente que las aguas cloacales son portadoras de bacterias entéricas, como por ejemplo Escherichia coli. Una cepa de ella produce una potente toxina que es responsable de severas diarreas y del síndrome urémico hemolítico, que puede afectar seriamente a los niños y ancianos.
Además hay otras altamente peligrosas para la salud, las cuales generan trastornos que van desde fiebre, debilidad, náuseas, retortijones, vómitos y calambres, hasta enfermedades entéricas y pulmonares graves, como por ejemplo: diarreas, shigelosis, fiebre tifoidea, leptospirosis y el cólera.
Estas aguas negras pueden servir a la transmisión de diversos virus: Adenovirus, Rotavirus, Enterovirus, Norwalk; agentes de afecciones intestinales y el responsable de la poliomielitis y el de la hepatitis A. Pueden encontrarse asimismo hongos causantes de diversas enfermedades que afectan a los seres humanos y animales, con dolencias que van desde cuadros de tipo alérgico (broncopulmonares y sinusitis), hasta infecciones generalizadas que ponen en riesgo la vida de las personas que sufren alteraciones del sistema inmunológico.
Si bien la absorción de estos microorganismos a través de la piel es poco probable, puede darse cuando esta se encuentra dañada previamente por cortes, raspones, pinchazos o quemaduras. Las membranas mucosas de nariz y ojos también proveen una vía de entrada.
Para la fauna y la flora marinas las aguas servidas aportan además de los agentes infecciosos mencionados, cantidades importantes de materia orgánica, fósforo y nitrógeno, que producen mareas rojas en zonas en que el agua tiene circulación lenta. En consecuencia decrece la concentración de oxígeno en el agua y se produce la mortalidad de las especies de la fauna acuática.
Finalmente, debe considerarse que todo lo mencionado tiene un impacto económico mayor, que el buscar una solución anticipada y oportuna.
Cuando escoja la playa de su paseo el próximo verano, observe, exija y tome las previsiones del caso.

Guillermo Quirós Alvarez
Oceanógrafo
[email protected]