Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 7 Febrero, 2013

Ni ella (la presidente Chinchilla) ni la Comisión han abordado el agotamiento intelectual y moral de los partidos y de los actores de la política; tampoco el efecto que esto tiene en la conformación de la cúpula responsable de la administración del Estado


De cal y de arena

Concertar, en qué cosas

La Comisión Presidencial sobre Gobernabilidad Democrática (CPGD) entrega a la presidente Chinchilla amplias y variadas sugerencias para lograr “una mejoría palpable en el funcionamiento del Estado costarricense y en la calidad de vida de nuestro sistema democrático”.
Para días cercanos, la mandataria notificará a qué propuestas les dará su aventón, vía proyecto de ley o reglamento. Ni ella ni la Comisión han abordado el agotamiento intelectual y moral de los partidos y de los actores de la política; tampoco el efecto que esto tiene en la conformación de la cúpula responsable de la administración del Estado a resultas de ser, los partidos, la principal vía de acceso a ella.
Se centran en el mundo de las leyes y reglamentos que norman —y lastran— el funcionamiento del Estado y en el desfase que padecen sus instituciones.
No dedican tiempo al tema de la aptitud del funcionario público. Dejan en pie, por lo tanto, lo que certeramente advirtió Bernal Jiménez, presidente del Partido Liberación Nacional, en entrevista a “Extra”: “Si se gobierna sin capacidad no hay sistema institucional que sirva”.
El vacío político; los partidos en crisis; no hay liderazgos; la administración del gobierno atorada; la gestión de la Asamblea Legislativa se hunde para insatisfacción del ciudadano; no se salva el Poder Judicial y el Tribunal Electoral medra tras los cortinajes que disimulan su inercia. Incompetentes muchos funcionarios, su inepcia se complica con una maraña de leyes y reglamentos dictadas para otra realidad.
Florecen los grupos de profesionales, académicos y empresarios preocupados por este “desorden de cosas” y enuncian sus propuestas; los de la “Agenda Nacional” hablan del rediseño de la Costa Rica de 2030.
Otros ya las han publicado. En una línea o en otra, para reformar mucho o poco deben apurarse las respuestas, sin precipitarlas por la proximidad del proceso electoral que se inicia. “Es indispensable romper la inercia de los acontecimientos” advirtió el último informe del Estado de la Nación.
Pero a como están hoy las cosas, no hay ninguna fuerza política con suficiente poder y legitimidad para definir el rumbo del país por sí sola ni para decidir qué reformar y cómo hacerlo.
Al lado del menos pequeño de los partidos, hay un amplio mosaico de agrupaciones que llegan hasta la insignificancia, muchas con fisonomía propia de un “derecho de llave”, lo que diluye las perspectivas reformistas tan necesarias como inevitables.
¿Quién por sí solo podrá encarar los grandes desafíos? También el Estado de la Nación en Desarrollo Humano se pregunta si para emprender las tareas de largo plazo reclamadas por los temas centrales de nuestro desarrollo se aceptaría conformar una alianza de partidos que trabaje en el Ejecutivo y en el Legislativo en la atención de los grandes desafíos presentes.
Quizá no hay espacio para tan ambicioso afán visto el distanciamiento ideológico que rodea esos grandes desafíos; trabajemos, pues, en lo inmediato y posible antes de que la indignación popular pase factura.

Álvaro Madrigal