Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 25 Septiembre, 2014

Hay fuerzas políticas y actores sociales que pueden proveer al Presidente el contingente oportuno para el acuerdo nacional preciso


De cal y arena

Con hacha o con bisturí, háganlo

Cuando el Jefe de Estado advierte a los diputados que la reducción del gasto público tiene que ceñirse a rigurosos criterios de mesura y pertinencia; cuando aconseja que los recortes se hagan con bisturí, no con hacha ni con machete, evidentemente está admitiendo que sí existen márgenes para abatir un déficit presupuestario de inéditas dimensiones, un 6% del PIB, como el que registra la ley de presupuesto nacional que él propone.
Congruente con su campaña y con el “encharralamiento fiscal” que le legaron, el presidente Solís debió ordenar astringencia rigurosa en la disposición del gasto y adelantar los cambios del régimen tributario (sin demorar dos años) hasta dar un presupuesto austero al máximo que desvanezca los temores de la reedición de las circunstancias que provocaron el colapso fiscal, económico y social de los años 80.


Pero su propuesta presupuestaria es de alto riesgo, tiene signos de dispendiosa generosidad y le va a arrastrar a una puja que va a perder en el Congreso.
Transferirle a este la responsabilidad de cortar gastos puede tener el efecto bumerán propio de un grave error político, gratuito, por no ser su administración imputable del desbarajuste fiscal, el cual puede complicarse más por el choque con ciertos grupos de presión bien parapetados y reacios a transigir y por la presencia de un actor indeseado —las calificadoras de riesgo— y cuidado si no también el Fondo Monetario Internacional con su recetario de recortes del gasto social como condición para abrir el grifo de los créditos.
En el Poder Ejecutivo dejan en el Congreso decidir qué, cuánto y cómo se recorta el gasto cuando lo inteligente es emplear el capital político presidencial para convocar a un bloque multipartidista en el cual influir para encaminar la demanda de cambios audaces —propios de cirugía mayor— en los ingresos y gastos del presupuesto como los que está reclamando el grueso de las fracciones.
¿O es que el Presidente no percibe que se la han dejado picando al frente y que solo le es preciso cambiar la estrategia, visto el error de ruta en que cayó?
Si no cambia, va a perder la partida a riesgo de sacrificar, también, mucho capital político.
La carga de estos 30 años de irresponsable gestión presupuestaria no va sobre las espaldas de don Luis Guillermo. Pero lo que deje de hacer para impedir que este despelote siga agravándose más, sí será ñisca que le embarre. Por ahí está la prueba de fuego: cortar por lo sano con el escalpelo en la vertiente del gasto “corrupto” de que hablaba Óscar Barahona Streber y en los pliegues de los ingresos (la flácida carga tributaria es del 13,1% según la Contraloría General) y de las evasiones y las elusiones que montan al 14% del PIB.
Hay fuerzas políticas influyentes e importantes actores sociales que pueden proveer al presidente Solís el contingente oportuno para el acuerdo nacional preciso y precioso que respalde el saneamiento del presupuesto, desempeñándose él como el catalizador histórico.

Álvaro Madrigal