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COLUMNISTAS


¡Cómo cuesta todo!

Pedro Oller [email protected] | Martes 01 junio, 2010



Si la precisa de los Arias hizo obviar las consideraciones propias de seguridad que exigía una carretera (no autopista) de este tipo, la obligación es suya y deberían responder por ello

¡Cómo cuesta todo!

¡Cómo costó en tiempo y dinero finalmente contar con la carretera a Caldera! Una vez inaugurada en verano todo era felicidad y esperanza. La vía le permite a uno disfrutar un churchill en una hora y regresar a la casa para el café.
Pero ¿cómo es posible que en tan poco tiempo, y ante un pequeño temporal, estemos enfrentados a problemas de calado tan grande? Esta pregunta la tienen que responder no solo la concesionaria sino también el gobierno.
Si la precisa de los Arias hizo obviar las consideraciones propias de seguridad que exigían una carretera (no autopista) de este tipo, la obligación es suya y deberían responder por ello. Con la misma celeridad con la que el Ministerio Público actúa en casos de corrupción, debe hacerlo en temas de responsabilidad administrativa de los servidores públicos.
Leer que el Laboratorio Nacional de Materiales y Modelos Estructurales (Lanamme) de la UCR advirtió hace meses sobre los riesgos y fallas de la vía, solo enardece el reclamo.
Por lo leído en prensa, las conclusiones no sorprenden a nadie que haya circulado por ahí: Taludes pronunciados y de gran altura, materiales propensos a erosión, desprendimiento y desgaste.
El fin de semana del 22 y 23 de mayo, así como los días siguientes, provocaron un deceso e importante número de accidentes. Si bien Autopistas del Sol hace un buen trabajo de monitoreo incluso en el caso de quien escribe, encomiable pues les debo mi salud el esfuerzo resulta insuficiente dadas las carencias evidentes que tiene la calle.
La responsabilidad primero y anterior la tienen las autoridades gubernamentales. No se escarmienta a partir de experiencias como la carretera San José Limón que adolece las mismas dificultades. No se aprende de tragedias como la del puente Orotina-Turrubares. En resumen no solo cuesta hacer sino también, por lo visto, aprender.

Pedro Oller

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