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Críticas de socios comerciales crecen
Cláusula “Buy American” aumenta debate sobre proteccionismo

Plan de estímulo especifica que materiales para obras públicas deben ser de origen estadounidense


Washington
EFE

La modificación de la cláusula “Buy American” en el plan de estímulo económico que debate el Senado de Estados Unidos sólo ha aumentado las recriminaciones sobre la ola proteccionista en el país y no apacigua las críticas del exterior.
Tanto la versión del plan de estímulo que aprobó la Cámara de Representantes la semana pasada, de $819 mil millones s, como la de $900 mil millones que debate el Senado desde el lunes, incluyen esa cláusula.
La cláusula de la cámara baja exige el uso de acero y hierro estadounidense en proyectos de infraestructura financiados por el plan. La del Senado incluye además productos manufacturados.
El presidente Barack Obama afirmó el martes que Estados Unidos no debe enviar un mensaje proteccionista en momentos de crisis en el comercio mundial. Al día siguiente, la Casa Blanca dijo que Estados Unidos cumpliría con sus obligaciones internacionales.
Ante presiones políticas y advertencias de una posible guerra comercial, el Senado diluyó su cláusula la noche del miércoles.
La versión modificada ahora estipula que las restricciones al acero y hierro extranjero se aplicarán “en una forma consecuente con las obligaciones de Estados Unidos bajo acuerdos internacionales”.
El senador republicano y ex candidato presidencial, John McCain, propuso eliminar la cláusula, pero su enmienda fue derrotada en una votación 31-65.
El leve cambio ha atizado el debate sobre la vena proteccionista del Congreso, bajo control de una abultada mayoría demócrata.
Por un lado, los partidarios de la medida aseguran que, en todo caso, la “histeria” de Canadá y la Unión Europea no tiene fundamento porque ambos socios comerciales tienen mecanismos que les permiten excluir a empresas estadounidenses de muchos de sus contratos gubernamentales.
Por otro, sus detractores replican que, ante la crisis económica global, este es el peor momento de recetar medidas proteccionistas.
El debate sobre “Buy American” apenas ha comenzado.
En declaraciones a Efe, el embajador de México en Estados Unidos, Arturo Sarukhan dijo: “estamos vigilando el proceso de aprobación del paquete de estímulos económicos en el Congreso, y en particular la manera en que la cláusula quedará enunciada en la versión posterior tras el proceso” de armonización bicameral.
“Preocupa evidentemente al Gobierno de México el impacto que el lenguaje pudiese tener sobre flujos comerciales; así lo estamos haciendo saber en el Congreso y seguiremos insistiendo en que el neomercantilismo es una receta desastrosa para las perspectivas de reactivación económica en el mundo”, enfatizó.
Otra fuente diplomática latinoamericana, que pidió el anonimato, dijo a Efe que aún con el cambio, el mensaje que envía es de un “proteccionismo disfrazado, y no es la mejor manera de estimular ni la economía estadounidense ni la de sus socios comerciales”.
Hasta que no se apruebe el texto definitivo, se desconoce si países como Canadá o México, socios con Estados Unidos en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, responderían con represalias o quejas ante la Organización Mundial de Comercio.
Dan Ikenson, subdirector del Centro para Estudios de Política Comercial del Instituto Cato, dijo a Efe que el cambio “es insuficiente”.
“Lo único que tiene que decir la legislación es que Estados Unidos continuará otorgando excepciones a nuestros socios comerciales”, explicó Ikenson.
Recordó que Estados Unidos tiene en vigencia, desde hace 75 años, medidas para proteger sus productos, pero hace exenciones para muchos de sus socios comerciales.
Canadá y Estados Unidos registraron un intercambio comercial de unos $600 mil millones en 2008, lo que la convierte en la relación comercial bilateral más grande del mundo. Y los canadienses no están contentos con la cláusula.
Pero el grupo “Public Citizen” consideró que Canadá y los países de la Unión Europea (UE) no tienen por qué chillar porque “han excluido de sus compromisos bajo acuerdos comerciales un sector más amplio” de sus contratos públicos a empresas extranjeras.
El Gobierno de Obama, mientras, afronta presiones para proteger a los trabajadores estadounidenses -que cada día sufren la pérdida de más empleos- y la amenaza de posibles represalias de socios comerciales.
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