Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 18 Junio, 2012


Ciao, bella, ciao

Hace 11 meses cientos de adolescentes extranjeros llegaron a Costa Rica para vivir una experiencia intercultural. Hoy regresan a sus países. Gracias a la American Field Service que funciona en nuestro país desde hace 90 años, muchas familias costarricenses en todo el territorio nacional han tenido por algunos meses un hijo más. No siempre es fácil, lo sé, pero siempre es enriquecedor.
Tal vez algunos de ustedes han formado parte de estas familias que en algún momento recibieron a un estudiante de intercambio; sabrán entonces cómo es acompañarlos en esa travesía.
He conocido a muchos de estos adolescentes y sus historias. Llegaron emocionados, asustados, ansiosos. Vivieron experiencias buenas, malas y regulares. Algunos aprovecharon su estadía más que otros: aprendieron el idioma, las costumbres, la comida y recorrieron playas y volcanes.
A diferencia de los hijos propios (biológicos o adoptados) que uno conoce desde que son pequeñas criaturas, los hijos de intercambio llegan a nuestras familias en plena adolescencia, educados por padres que desconocemos, hablando un idioma que tal vez nos es ajeno, con costumbres, ideas y rutinas que no necesariamente entendemos pues son reflejo de otro entorno.
Al principio nos dedicamos a observarlos. Ellos hacen lo mismo. Poco a poco nos vamos conociendo y establecemos una relación. Al final son nuestros hijos.
Esta otra forma de maternidad/paternidad nos enseñan a ser tolerantes, a confirmar que todos somos iguales en nuestra esencia humana, a respetar la diversidad, a amar más. Al terminar el proceso somos mejores personas.
Hoy se va Sara, mi hija italiana. Vuelve a su familia original sin lugar a dudas muy cambiada: un año en Latinoamérica para una europea a sus 17 años la marcará para siempre.
Así como los protagonistas de “Casablanca”, Rick e Ilsa, siempre tendrán París, Sara siempre tendrá a Costa Rica. Como le decía su padre de intercambio: cuando tengás problemas, cuando sintás que estás harta de alguna situación, cuando la realidad te resulte insoportable, siempre podrás pensar que existe otro lugar. Hasta imaginar dejar todo atrás y volver aquí. Incluso hacerlo realidad.
No dudo que la extrañaré. Recordaré su afición por los postres, su alegría desbordada en carcajadas, el volumen de su voz inundando la casa, sus exageraciones emocionales tan propias de su origen itálico, su terquedad a veces imbatible, el despelote que siempre dejaba en la cocina cuando decidía cocinar, su divertida inteligencia, el terrible desorden que ya no reinará en su habitación, su belleza encantadora.
Sara: espero que hayás aprendido algo de mí, de mis hijas, de nuestra familia, de Costa Rica, que nos recordés con el mismo cariño que siempre guardaremos para vos y que la vida nos permita reencontrarnos en alguna parte de este ancho mundo.
Ciao, Sara, O bella, ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao.

Claudia Barrionuevo
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