Alberto Cañas

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Miércoles 9 Febrero, 2011


CHISPORROTEOS

Buena la voz de alarma que ha dado Amalia Chaverri sobre ese proyecto de reforma a la ley de premios nacionales que ha presentado la diputada Alicia Fournier, proyecto que es, digámoslo con todo respeto, un solemne disparate que no tiene pies ni cabeza.
Si en los últimos tiempos se ha producido un creciente descontento con la adjudicación de los premios Magón, Aquileo Echeverría, Pío Víquez y García Monge, el descontento es con la conducta de los jurados, compuestos con frecuencia por personas incompetentes y novatas, cuando no totalmente ignorantes. La irresponsabilidad de la Asociación de Autores en su contribución a la integración de los jurados, es catastrófica.
Pero hay que recordar que en los primeros años de los premios, la Asociación de Autores nombraba los jurados que le corresponden, en asambleas a las que concurríamos hasta ochenta escritores. Habría que averiguar (el Ministerio de Cultura bien podría hacerlo), cuánta gente concurre a las actuales asambleas, de las que se ha corrido casi todo el mundo y están reducidas, según me cuentan, a muchachos y muchachas con ganas de escribir. La verdad es que la Asociación de Autores hace tiempo que desapareció del mapa. Hace un par de décadas, más o menos, una camarilla se apoderó de la Junta Directiva y se dedicó a hostilizar a la gente que le estorbaba. En mi caso concreto, me retiré cuando en una asamblea, a pesar de haber sido Presidente de la Asociación cuatro veces, tranquilamente me negaron el uso de la palabra. Cuando por fin esa camarilla fue destituida, la Asociación había pasado a ser la letra muerta que es hoy, y una de las cosas que habría que hacer es reformar la ley de premios y darles a otras universidades públicas (solo la UCR la tiene actualmente) representación en los jurados, y se me ocurre que también a la Academia Costarricense de la Lengua que solo participa en el jurado que otorga el Magón, y debería ser parte de los que otorgan los Aquileos literarios (novela, cuento, poesía, teatro y acaso ensayo).
Una de las causas que a mi juicio han convertido el Premio Magón en una constante polémica, fue el error de mi estimadísima Aída Fishman, de darle un contenido sabrosísimo en colones, lo que ha despertado la codicia y la gana de ciertos jurados de conceder el Magón a quien necesita dinero y no a quien lo merece. Lo que hay que detener respecto a este premio, es la tendencia (muy acentuada por parte de la representación en el jurado del Ministerio de Cultura en la administración anterior) de hacerlo recaer en funcionarios públicos. Una manera de mejorar el Magón es establecer que el jurado que lo otorgue deba estar compuesto por personas que lo hayan recibido.
El tema es largo. Seguiré el próximo sábado.

Alberto F. Cañas
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