Alberto Cañas

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Sábado 5 Febrero, 2011


Chisporroteos


Es saludable para el país que los diputados hayan decidido por fin que la Asamblea Legislativa investigue los extraños movimientos recientes del arismo. Es saludable que solamente un diputado se abstuviera de contribuir con su voto a la investigación. Y no sé si decir saludable, decir significativo, decir revelador, o decir cómico, que ese diputado provenga precisamente de Heredia.
El hecho es que se produjo un movimiento extraño para impedir que ciertos actos raros del gobierno anterior sean investigados en sede judicial, y que ya es hora de que, entre muchas otras cosas, se defina si los fondos que el Banco Centroamericano le proporciona al Estado costarricense son fondos públicos, fondos privados o fondos qué. Y también si esos fondos deben incorporarse al presupuesto nacional y su destino decretado por el Poder Legislativo, o se quedan en la Casa Presidencial para que disponga de ellos quien tenga la chequera, como le dé la Real gana (he escrito Real con mayúscula, porque ya va siendo hora de que en Costa Rica lo empleemos como su origen lo demandaba: Real es lo que se refiere al Rey).

Por otra parte, aunque en estos días disfruté muchísimo viendo una película de los hermanos Marx, creo que lo más cómico que he visto y lo que más risa me ha provocado, es que el gobierno de Nicaragua haya mandado a hacer unos mapas en los que la isla Calero aparece como nicaragüense. Podrían (que para eso están las imprentas), imprimir otro mapa en que la isla de San Andrés aparezca como nicaragüense y, ya que en eso estamos, uno más en que le adjudiquen el mismo destino a la península de Nicoya.
En todo caso, lo que nuestro gobierno debería hacer, es estar listo para que en algún momento en que los edenes pastoras se ausenten de la isla, instalar allí una patrulla armada, e izar la bandera tricolor.
El miércoles pasado, la Academia Costarricense de la Lengua se instaló en la sede que le otorgó el gobierno de Abel Pacheco, el antiguo edificio del Banco Anglo Costarricense en la avenida Fernández Güell. Aunque dudo de que parte de un edificio compartido incluso con departamentos administrativos del Ministerio de Cultura, sea una sede en el sentido en que lo entendió el convenio internacional de 1960, ley de la República desde 1963 y en el que lo han entendido todos los gobiernos hispanoamericanos de América y el de Filipinas, allí nos instalamos. Pero lo que más gozo me produjo fue leer, en el zaguán de entrada, una placa que dice más o menos “Paz y Libertad. Administración Oscar Arias Sánchez. 2006-2010.” Qué pitos toca esa placa, a qué se debe, qué conmemora, qué recuerda, es un misterio. Lo que me temo es encontrarme cualquier día una placa idéntica en mi propia casa. Quien quita que en un descuido me la inauguren…

Alberto F. Cañas
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