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Domingo, 13 de octubre de 2019



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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 22 diciembre, 2010



CHISPORROTEOS

Me parece que hizo bien el Gobierno cuando nuestro embajador en las Naciones Unidas aprovechó un debate para dejar allí clara, en un discurso sobrio y ponderado, la posición de Costa Rica y las circunstancias del diferendo que tenemos con Nicaragua.
Lo que no convendría, lo he dicho antes, es llevar el caso, plantearlo ante la ONU. Esta institución ha sido utilísima, ha calmado ánimos, ha cumplido misiones importantes. Pero no ha resuelto ningún problema de orden político. Su estructura misma lo impide. La guerra de Corea fue un inteligente truco del gobierno de Harry Truman, que encontró un portillo en los reglamentos y puso a la Asamblea General a tomar un decisión política que correspondía al Consejo de Seguridad (donde sería vetada). Pero eso ocurrió una sola vez por un descuido soviético, y nunca más. Los asuntos políticos posteriores (recuerdo personalmente la toma del canal de Suez, el alzamiento anticomunista en Hungría, por ejemplo), se han discutido hasta el agotamiento en la Asamblea General, pero sin producir ninguna resolución importante.
Yo no sé si la Real Academia Española y el gobierno de España van a creer que Costa Rica ha cumplido con el Tratado Internacional de 1960, ley de Costa Rica desde 1963, que ordena darle una sede a la Academia Costarricense de la Lengua, cuando lo que le están dando no es un edificio sino un rinconcito, tal y como el que ha tenido desde 1923 en la Biblioteca Nacional. Un edificio compartido con departamentos administrativos de un Ministerio, no es una sede. Costa Rica es el único país que no ha cumplido el tratado. Y España ha protestado varias veces.
En estos días se ha discutido mucho por la prensa eso de las tildes, y si debemos eliminar tildes o no. Si se me permite una opinión personal, diré que la regla debería ser, a mi juicio, muy otra: que todas las palabras no monosilábicas se tilden. Seríamos así el único idioma civilizado que indica por escrito la pronunciación de todas sus palabras. Se acabarían las dudas y los enredos para hispanohablantes y para extranjeros. Conste que esta es la primera vez que digo esto. Ni en la Academia Costarricense y menos en la Española lo he proferido jamás.
Termino aquí mis labores periodísticas de este año. Estaré ausente del país por dos semanas a partir del domingo, y espero regresar con nuevos bríos en enero, y si no con nuevos, con los de toda la vida. Y muy contento de ver que, tras haberlo fundado hace sesenta años, este periódico sigue siendo mi hogar.

Alberto F. Cañas
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