Alberto Cañas

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Sábado 20 Febrero, 2010


Chisporroteos


Hace algunas semanas, hice una referencia rápida al libro Las Presidencias del Castillo Azul, de Jesús Manuel Fernández Morales, y manifesté que antes de ocuparme seriamente de él, preferiría que el autor se comunicara conmigo para que me aclarase ciertas referencias a mi familia que contiene y que no coinciden con lo que yo sé o me contaron, pues nací cuando ya habían ocurrido.
Finalmente nos comunicamos, le expresé mis dudas, me manifestó su deseo de investigarlas, y ahora paso a decir a mis lectores que bajo ningún concepto deben dejar de leer ese libro estupendo que cuenta, como nunca se ha contado, la historia de los cuatro gobiernos que tuvieron el Castillo Azul como Casa Presidencial entre 1914 y 1920: los de Alfredo González, Federico Tinoco, Juan Bautista Quirós y Francisco Aguilar Barquero.

Sobre el gobierno de don Alfredo se ha escrito mucho, y quizás por esa razón el nuevo libro no le dedica el minucioso estudio que a los otros tres. Sin embargo, es claro que le reconoce sus enormes méritos y su innegable trascendencia histórica (que llevó a una encuesta nacional en 1999 a proclamarlo uno de los tres costarricenses más importantes del siglo XX), pero también menciona (con más detalle que otros) los errores políticos que cometió, que despertaron desconfianza y oposición, y que finalmente permitieron que una gran mayoría aprobara inicialmente el inicuo cuartelazo que lo derrocó.

En cuanto al gobierno de Tinoco, este es el primer libro (que yo sepa), que lo estudia y analiza como gobierno y no exclusivamente como una dictadura enfrentada a una rebelión. Destaca cómo fue totalmente militarista, llena de charreteras, uniformes y despliegues soldadescos, aparte de ser un gobierno de fiestas, cenas y recepciones que gastaba dinerales en festejos, y muchas horas en sesiones espiritistas (cosa que tal vez no importe mucho). Su progresivo endurecimiento, a partir del asesinato de Rogelio Fernández Güell y Marcelino García Flamenco y del atentado contra Alfredo Volio, está puntualmente relatado, sin que el historiador haya encontrado un solo acto ejecutivo o una sola ley que le significara algún progreso al país.
El libro narra con detalle el crecimiento de la oposición, el progresivo encarcelamiento en la Penitenciaría de San José de los opositores, y finalmente el incendio del periódico gobiernista La Información, realizado por los estudiantes del Liceo de Costa Rica (hoy se afirma que los autores fueron concretamente dos de ellos: León Pacheco y Guillermo Padilla Castro, luego becados en Europa por el Congreso, el segundo en atención también a su comportamiento durante la escaramuza bélica con Panamá en 1921, y figuras importantes luego en nuestra vida política, universitaria y periodística.

El libro puntualiza con detalle el olio que Tinoco hizo de la riqueza pública antes de irse de Costa Rica. Desde alquilarle la Fábrica de Licores a un paniaguado por la suma de 200 colones mensuales hasta adelantarle dos años de salarios a su hermano, nombrado embajador en Italia, y a otro funcionario diplomático de parecida catadura. Es de recordar aquí, que el Royal Bank of Canada, que descontó el giro de dos años de salario a Joaquín Tinoco, lo presentó para su cobro caída la dictadura y el gobierno de don Julio Acosta lo rechazó basándose en la ley de nulidades que anuló todo lo actuado por los poderes ejecutivo y legislativo entre enero de 1917 y agosto de 1919.

Seguiré en mi próxima columna, porque el espacio se me acaba.

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