Alberto Cañas

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Miércoles 10 Febrero, 2010


CHISPORROTEOS


Debo confesar que el resultado de la elección presidencial del domingo (encuestas o no encuestas) fue para mí una sorpresa. Y una preocupación, pues si se suman los votos obtenidos por los candidatos de Liberación Nacional y el Movimiento Libertario, resulta que las alas derechas y entreguistas de Costa Rica han obtenido una mayoría como no obtenían desde 1889, pues la que alcanzaron en 1966 fue por una diferencia de cuatro mil votos. (Hago caso omiso por hoy de la doble papeleta de esa vez).

Con todo el respeto que le profeso y merece doña Laura Chinchilla, considero que su espectacular victoria se ha debido en mucho al poder del dinero. Por primera vez desde que Tomás Guardia expulsó del control del Estado a los grandes cafetaleros que fusilaron a Mora, el poder económico (representado hoy por la banca privada y no por los cafetaleros) entrará a la Casa Presidencial, tras una campaña en que los millones corrieron. Tantos y tan disimulados, que algún proveedor me contó que en el PLN le pagaban con billetes, y no con cheques que dejan huella.

Esto no quiere decir que el resultado electoral pueda ponerse en duda, como no se puso en su oportunidad el del plebiscito (memorandum Casas-Sánchez o no). La victoria de las alas derechas ha sido terminante. Y bueno es fijarse en que la prensa extranjera califica al PLN como partido de derechas. O sea que por fin el actual gobierno se salió con la suya de borrar del partido hasta la memoria del gran hombre que lo fundó, lo inspiró y transformó a Costa Rica en una república solidaria a la manera escandinava.

La elección ha sido legítima. Pero el porvenir no está claro. Doña Laura ha guardado silencio sobre la política abiertamente entreguista de su predecesor, dispuesto a poner en manos de la empresa privada (preferiblemente extranjera que sólo deja aquí salarios y propinas) cuantos servicios ha venido prestando el Estado a los habitantes del país. Buen ejemplo de esto era la premura con que se proponía traer empresas telefónicas extranjeras a Costa Rica. ¿Es que hay alguna ciudad del mundo que tenga dos empresas telefónicas? Que yo sepa, México sufrió esa situación hasta 1943, pero logró liberarse en medio del regocijo público. Y recordemos que en su primera administración Arias pretendió mediante un mero acuerdo ejecutivo, otorgar concesiones telefónicas que luego su propia Sala Constitucional anuló.

Es de esperar que el nuevo gobierno, con una manifiesta minoría parlamentaria que la ayuda inevitable de los libertarios no convertirá en mayoría, decida negociar constantemente con los diputados de oposición, cosa que la administración Arias nunca quiso hacer prefiriendo adquirir un voto. La mayoría electoral no vino acompañada de una mayoría parlamentaria y esa es una verdad que el nuevo gobierno debe enfrentar con realismo, sin pretender, como hemos visto durante cuatro años, que la prensa le ayude a descalificar a los diputados de oposición. Doña Laura Chinchilla tiene la oportunidad de abrir una nueva era de diálogo democrático entre gobierno y oposición desechando aquel disparate de la tiranía dentro de la democracia, que, disparate y todo, ha sido la enseña y el símbolo de la administración que dichosamente termina.

Elección libre, entusiasmo ciudadano en la calle, todo habla bien del pueblo. Pero ya es hora de que hagamos algo para que Costa Rica no se convierta en una total y absoluta plutocracia. Tal vez adoptar el sistema inglés, que abomina de las contribuciones privadas a los partidos. El Estado debe financiarlos. La conducta del Banco de Costa Rica, que en un momento dado dejó sin dinero al partido de oposición basándose en las encuestas (que, fijadas en un día preciso no podían pasar de ser conjeturas) fue censurable y no respondió a la obligación del Estado como un todo, de fomentar la democracia y la participación de los partidos políticos en ella. Si es necesario, que se legisle al respecto. Este columnista espera que el gobierno de doña Laura ayude en esa dirección de que el costo total de las elecciones sea asumido por el Estado. Seguiré hablando de estas cosas el próximo sábado. Sobre todo de la satisfacción con que escuché a mi candidato tres veces, Ottón Solís, reconocer su derrota y la tristeza con que recibí su declaración de que desistía de que Costa Rica tuviera el privilegio de ser gobernada por el político con más visión, mejor preparación y mayor espíritu de estadista que ha tenido desde que José Figueres entregó la presidencia por tercera vez en 1974.

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