Alberto Cañas

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Sábado 28 Febrero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas


Es una vergüenza nacional lo que le han hecho al periodista Gilberto Lopes. Resulta que lo tienen inscrito en un raro registro, misterioso y brutalmente inconstitucional, radicado en el Ministerio de la Presidencia, en el cual incluyen no se sabe a quienes ni con qué criterio, aunque cabe presumir que es una especie de registro de sospechosos, aunque no se sepa ni se diga sospechosos de qué. Ya sabemos que allí tienen registrado a Gilberto Lopes (tal vez porque es hombre de izquierda o tal vez porque es autor de una notable biografía de don Pepe Figueres, vaya usted a saberlo). No sé si a los numerosos criptofascistas que por aquí pululan los tendrán registrados también, pero me huele a que no.

Un aplauso al Tribunal Supremo de Elecciones por haber concedido la ciudadanía costarricense a Lopes pasando por encima del famoso, misterioso, inexplicable e inexplicado registro, que registra (según parece) de acuerdo con las ideas del registrado y viola así indecentemente la libertad de pensamiento y el derecho constitucional del habitante de la República, de no ser inquietado por acto alguno que no infrinja la ley (artículo 28 de la Constitución). Y un aplauso previo a los diputados que exijan el cierre de ese registro y eliminen del presupuesto (si es que allí está y no proviene de fondos foráneos de esos que el régimen reputa de privados) la partida que financia esa oficina misteriosa y propia de las tiranías. “La tiranía dentro de la democracia”, que pidió una vez alguien de cuyo nombre es preferible no acordarse, pues si uno se acuerda va y lo registran.

Hay que felicitar a quien corresponda en el Ministerio de Cultura y en el Teatro Nacional, por esa feliz idea de las funciones semanales de mediodía que se iniciaron el martes pasado con una concurrencia extraordinaria y a precios razonables. Recitales, teatro, danza, música, de todo va a haber, y es el primer esfuerzo que se hace como en tres décadas, por llevar la cultura artística a un público amplio y presumiblemente popular. Solo lamento que el horario choque brutalmente con mis compromisos, lo que me impedirá disfrutar del programa, pero no celebrarlo y aplaudirlo.

A veces ocurren cosas que nadie explica por qué ocurren, pero que parecen estar poseídas de un misterioso concepto de justicia de sanción, de ajuste de cuentas, de algo inmanente pero que de alguna manera es perceptible. En la Asamblea Legislativa se vieron esta semana dos casos: Una de las magistradas de la Sala Cuarta que reformaron la Constitución Política en lo que el expresidente Monge calificó de verdadero cuartelazo, resulto reelecta by default, por decirlo en un inglés intraducible. Y el político de gran relumbre que calumnió por la TV a un líder de la oposición acusándolo de haber abusado del Seguro Social al hospitalizar a su esposa sin ser él asegurado, lo que era totalmente falso porque la asegurada era ella, no logró que la Asamblea lo confirmara como Director del Banco Central.


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