Alberto Cañas

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Miércoles 25 Febrero, 2009

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Leí con el cuidado que acostumbro la columna de don Fernando Diez de Losada en relación con la palabra iceberg, que importamos del holandés por la vía del inglés, y que todavía a lo largo del mundo hispanoparlante no decidimos si pronunciarla aisberg (como lo hacemos aquí) o iceberg; o si seguirla escribiendo como lo hacemos o aisberg.

El ejemplo que siempre surge cuando de esto se habla, es el de la palabra jardín, que se importó de Francia en el siglo XV, y se le conservó su grafía. Y se discute si lo que debió hacerse más bien era conservarle su pronunciación francesa y escribirla yardán.

Lo lógico a mi juicio habría sido esto último. Y lo lógico en el caso que nos ocupa, sería escribir y pronunciar aisberg.

Esto, por cuanto es bien sabido que el hombre habló antes de escribir y que la escritura se inventó para dejar constancia de lo hablado. Y que es el lenguaje hablado el que predomina en todo. Es por esa razón, que los neologismos que aparecen primero en el lenguaje escrito muchas veces tienen corta vida porque no responden espontáneamente a la necesidad prioritaria de expresarse que tiene el ser humano, que es básicamente oral. Piense cada uno de nosotros cuanto es lo que habla y cuanto es lo que escribe (aunque escriba tanto como este servidor de ustedes), y llegará a la conclusión de que debe prevalecer lo hablado.

Así, los que pronunciamos aisberg, que entiendo somos la mayoría de los hispanohablantes, lo decimos y en todas partes nos entienden. Si pronunciáramos iceberg, entraríamos en un proceso de aislamiento porque nadie fuera del mundo hispánico lo pronuncia así.

Recuerdo haber objetado las decisiones académicas de inventar las palabras filme y casete que nadie empleaba y poca gente emplea todavía y que en su origen no correspondían a nada. La gente sigue diciendo film (aunque no responde a la formas castellanas y no tiene por qué responder), y sigue diciendo caset. Algunos exquisitos se atreven a escribir filme, pero de ahí no pasan. Lo lógico habría sido aceptar film (o rechazarlo del todo, pues no era de uso corriente, aquí siempre hemos dicho película) y aceptar caset, que responde a la manera como verbalmente llaman ese objeto en todas partes del mundo. Y no se alegue que esa terminación en t no responde al genio de nuestra lengua pues estamos acostumbrados a pronunciar sin problema todos los patronímicos y apellidos catalanes que terminan en t.

Mi voto es pues, por escribir aisberg, y entendernos verbalmente con el mundo.

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