Alberto Cañas

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Miércoles 17 Diciembre, 2008

CHISPORROTEOS


Alberto F. Cañas

Ya la palabra indignante resulta insuficiente para calificar los actos, acciones, palabras y decisiones de Ortega el Presidente de Nicaragua, otrora jefe de guerrilleros y uno de los más irresponsables y demagogos que ha conocido el Hemisferio Occidental, cuyas arbitrariedades, necedades y abusos llenan las páginas de la prensa continental.

El ultimo abuso ha sido prohibir la circulación de un libro publicado en España que recoge la poesía del notable Carlos Martínez Rivas, porque trae un prólogo de Sergio Ramírez, alegando como pretexto que los derechos sobre la obra de Martínez Rivas pertenecen al gobierno de Nicaragua.

Todo es parte de la persecución que Ortega ha emprendido contra los intelectuales y escritores más serios de su desventurado país. Ernesto Cardenal ya la ha sufrido y ahora le tocó a Sergio Ramírez, que aparte la calidad de su obra narrativa, reconocida internacionalmente y a todos los niveles, es uno de los más altos intelectuales de Centroamérica, pero cometió el “error” de salirse del sandinismo cuando el sandinismo se convirtió en una secta deshonesta y anti-democrática.

Aquí en Costa Rica guardamos el mejor recuerdo posible de él, y de la época en que vivió con nosotros como director de EDUCA, esa editorial de alcance ístmico que realizó por primera vez la obra magna de ponernos a los centroamericanos en conocimiento de los otros centroamericanos. Nunca como en la época de Sergio Ramírez circularon por Centroamérica (Panamá felizmente incluida), mayor cantidad de libros de autor centroamericano, y como costarricense digo que nunca tuvimos los costarricenses mejor ni mayor oportunidad de hacer contacto con el pensamiento y la creación de los otros cinco países, que durante los años de esa labor formidable de Sergio Ramírez.

En lo personal recuerdo con fervor la colaboración que como Ministro de Cultura, le pedí en la celebración del sesquicentenario de nuestra independencia en 1971. Muchas de las cosas que se hicieron fueron ideas de Sergio, y todas las que se realizaron contaron con su colaboración desinteresada, hasta poderse decir que nunca en Costa Rica reinó un espíritu centroamericanista como el de aquellos días, con reuniones de historiadores, de escritores, festival de teatro, primera (lamentablemente única) bienal de arte centroamericano, todo con la participación, la colaboración y el espíritu de servicio de Sergio Ramírez y mucho originado en proposiciones suyas.

Desgraciadamente, como suele suceder, las cosas cambiaron: Sergio abandonó EDUCA, y su sucesor no dio la talla. En lo que atañe a nacionalidad, despreciaba la literatura y la cultura costarricenses y abandonó la política terminante y amplísima de su antecesor, hasta que esa política se terminó.

Después, Sergio Ramírez adquirió relieve continental con sus obras narrativas, que figuran ventajosamente entre lo mejor que se produce actualmente en América Latina, y los centroamericanos esperamos que algún día se le otorgue el Premio Cervantes, que está ya en manos de bastantes escritores inferiores a él. Y es bueno que en Costa Rica se hayan levantado protestas por la estupenda y nunca bien ponderada tontería del gobierno nicaragüense, que, proponiéndose hacer un daño no sé de qué clase, a Sergio Ramírez, se lo ha hecho, felizmente, a sí mismo. Protestas a las que esta columna gustosa y entusiastamente se une. Sergio Ramírez es un gran centroamericano, y a otra cosa.

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