Alberto Cañas

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Miércoles 10 Diciembre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Siempre conocí a don Rodrigo Arias como un hombre inteligente y discreto, que en el primer gobierno de su hermano se distinguió precisamente porque nunca intentó robar cámara y desarrolló una gran capacidad y habilidad para trabajar en silencio, de suerte que conforme fueron pasando los años, muchos llegamos a la conclusión de que buena parte de los aciertos de la primera administración de su hermano se debieron a él.

Pero en esta segunda tanda de 2006, parece que don Rodrigo está cambiando, y me cuesta reconocer al que vi veinte años atrás. Por eso, y porque de verdad lo estimo, me decido a escribir estas líneas.

Se le ha notado un deseo de romper las categorías protocolarias y de ocupar en ciertas ceremonias de sabor internacional, un lugar de preeminencia que le corresponde, según tradición mundial, al Ministro de Relaciones Exteriores, y ante el brutal silencio de su hermano, parece que él está asumiendo la posición de vocero del gobierno, cosa que en todo caso sí le ha correspondido al Ministro de la Presidencia desde que este Ministerio suplantó políticamente al de Gobernación, pero no en la forma prácticamente autónoma en que parece haber asumido don Rodrigo esa función.

Ahora ha salido con la idea de una Asamblea Constituyente, enormidad tan grave que si es idea oficial del gobierno debió ser anunciada solemnemente como emanada del Consejo de Gobierno. Pero surgió repentinamente en el Ministerio de la Presidencia, y durante una de las muchas ausencias del Presidente. Esto me alarma y lo digo con toda franqueza, porque dentro de su anuncio deslizó su propósito, deseo o anhelo, no se sabe, de aspirar a la presidencia en 2014. O sea que está aspirando a crear otra dinastía que se agregue a las que han funcionado con tan poco resultado.

Porque nunca he esperado ni querría ver a don Rodrigo como parte de uno de esos gobiernos de hermanos que tanto daño le hicieron a Costa Rica y tan mal recuerdo dejaron en la historia de nuestro siglo XX.

Sería gravísimo que los hermanos Arias (así, como razón social), fueran agregados a esa horrible lista que forman los hermanos Tinoco, los hermanos Calderón Guardia y los hermanos Picado, que tanta barbaridad cometieron como una maldición de la que esperábamos habernos librado per saecula saeculorum.

Todos hemos visto cómo a su hermano don Oscar se le ha desatado hace años un ansia de poder que raya en lo inverosímil, y llegó hasta a presionar que unos funcionarios que no tenían derecho a hacerlo, reformaran la Constitución para favorecerlo a él (uno, ya legendario le salió güero). Y hemos podido captar que ahora, desde el gobierno, no descansa en la búsqueda de una manera de conservar el poder a partir del 2010, si no en persona porque no se puede, sino mediante algún teodoropicado que encuentre. Todo eso es peligroso, y lo que uno esperaría de don Rodrigo es que se esfuerce en disuadir a su hermano de tanto disparate como viene cometiendo, diciendo, proponiendo, promulgando, favoreciendo y decretando desde el 8 de mayo del 2006.

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