Chile de Bachelet era una estrella hasta que dejó de serlo
Los niveles de aprobación de la presidenta Michelle Bachelet se han desplomado a un mínimo récord de 29% a meses de haber ganado las elecciones con 62% de los votos. Bloomberg/La República
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Chile de Bachelet era una estrella hasta que dejó de serlo

 Pequeño, delgado y manejado con sensatez, Chile se destacó durante mucho tiempo en un continente con un bajo rendimiento. En un año pésimo para América Latina, su economía se acelera.
Sus estudiantes son los mejor formados de la región. Pese a sus diferencias, a veces virulentas, los funcionarios de gobierno tanto de derecha como de izquierda han coincidido mayormente en mantener la economía solvente y libre del libertinaje populista. El Foro Económico Mundial considera a Chile la economía más competitiva de América Latina, y pese a un desagradable escándalo de coimas y tráfico de influencias, uno de los menos corruptos.


Y sin embargo, los niveles de aprobación de la presidenta Michelle Bachelet se han desplomado hasta un mínimo récord de 29% a escasos meses de haber ganado las elecciones con 62% de los votos.
Indudablemente las vibrantes revelaciones de coimas, soborno y tráfico de influencias del último año han amargado el ánimo en el país andino de 17 millones de habitantes. Una investigación por corrupción a un grupo de legisladores conservadores acusados de tomar fondos ilegales de un banco de inversión se ha propagado desde entonces por los pasillos políticos, implicando a la coalición de izquierda Nueva Mayoría de Bachelet.
Y el propio hijo de Bachelet, Sebastián Dávalos, está acusado de hacer valer su influencia en un préstamo por $10 millones a su esposa.
Las acusaciones afectaron profundamente a la mandataria, y sin embargo su reacción ha sido errática y aparentemente improvisada. En un gesto dramático, echó a todo su gabinete –anunciando su decisión, no en el palacio presidencial sino, curiosamente, al conductor del programa popular de variedades “Sábado Gigante”. El lunes, presentó un nuevo gabinete: “rostros nuevos” para “una nueva fase, tan exigente e inspiradora”, dijo.
“Para Bachelet, que es conocida por su sinceridad, esto fue devastador”, dijo Michael Shifter, presidente del Diálogo Interamericano, un centro de estudios en Washington.
El escándalo de Bachelet no anulará los logros de Chile, pero resulta un duro golpe para un país que se ha enorgullecido de su probidad y sus buenas prácticas.
De todos modos, no son los únicos problemas de Bachelet. Socialista con un fuerte mensaje de izquierda, ha introducido un paquete controvertido de reformas, como marcados aumentos impositivos, nuevas leyes laborales y generosos beneficios de la seguridad social –todas decisiones que la diferencian de su predecesor, Sebastián Piñera, ex magnate de las tarjetas de crédito que fue retratado como el Scrooge Chileno (por el personaje de Cuento de Navidad de Dickens).
También ha exhortado a redactar una nueva constitución, pese a que la vieja funciona bastante bien, en una medida que el economista chileno Daniel Birrell comparó con “hacer zarpar el Titanic con la mitad de la tripulación a todo vapor de noche en un mar sembrado de icebergs”.
Una de sus propuestas más decisivas es reformar la educación chilena. Este año, puso fin a la educación paga desde el jardín de infantes hasta el secundario, y ahora está publicitando un proyecto de ley para que también las universidades sean gratuitas.
Esto fue un guiño a la calle, donde los estudiantes, con razón, se han apiñado en rebeldía por el elevado costo de un título universitario. En 2011 y 2012 hicieron poner de rodillas al gobierno de Piñera.
Es posible que Bachelet sea víctima del éxito en baja de su país. Chile brilla en América Latina, pero se ubica por detrás de los 34 países más desarrollados de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico en desigualdad del ingreso, y sus estudiantes alcanzaron el puesto 44 entre 65 países en comprensión de textos.

Bloomberg
 


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