Tomas Nassar

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Jueves 17 Abril, 2008

VERICUETOS

Tomás Nassar
¡Capitán, mande firmes!

De doña Janina del Vecchio no sé prácticamente nada. No tengo el gusto de conocerla. Nunca la he visto en persona, ni tengo más referencia de ella que la información que ha publicado la prensa en estos días, principalmente con ocasión de su nombramiento como Ministra de Seguridad. Supe, hace un par de años, que era candidata y luego diputada electa por Liberación Nacional. Oí decir que fue maestra y que habría sido embajadora en algún país europeo. Por un pariente político suyo, me he enterado de rasgos de su personalidad y episodios de su vida que la representan como una persona de dotes excepcionales.
De doña Michelle Bachelet, sé muy poco también. Tampoco la he visto en mi vida más que en foto. Sé, como todo buen lector de periódicos, que es la Presidenta Constitucional de Chile, que antes, en el gobierno de Ricardo Lagos fue Ministra de Salud y luego la primera mujer en Iberoamérica en ocupar una cartera de Defensa. También me he enterado de que el padre de esta médico de profesión, general de la fuerza aérea chilena, murió en las prisiones políticas durante la dictadura de Pinochet, y que ella misma descontó cárcel por su militancia socialista.
De doña Carme Chacón apenas la he visto un par de veces en las noticias. Ya me enteré de que es una joven abogada de 37 años, que el año anterior fue la Ministra de Vivienda y que desde el lunes es la primera Ministra de Defensa de España. Que prestó juramento al Rey mostrando su embarazo de siete meses y que, con gran propiedad y firmeza, registró en la historia la primera orden con acento femenino de: “Capitán, mande firmes”.
De doña Janina, doña Michelle y doña Carme puede decirse que rompen un paradigma, esa concepción cargada de machismo de que las mujeres solo son capaces de llevar tareas secundarias o de menor exigencia.
De las tres se dice que han alcanzado cumbres por méritos propios y, en ninguno de los casos, he oído que se hayan apoyado en muletas para ascender en la vida profesional y en la política.
Claro está, no hay duda alguna, que una cosa es ser Ministra de Defensa de España o de Chile, en tiempos de paz, contando con recursos casi ilimitados, equipo sofisticado de tecnología de punta y una planilla de militares y auxiliares de la práctica castrense compuesta por profesionales de primer nivel; y otra, muy diferente, es ser Ministra de Seguridad Pública en un paisito pobre tercermundista, avasallado por la delincuencia, la organizada y la espontánea, con un arsenal de quinta y una planilla como la que recibe doña Janina. No es lo mismo, tampoco, que la responsabilidad sea la preparación continua para una hipotética acción militar con el armamento más sofisticado almacenado en los cuarteles, que perseguir delincuentes a pie, con las patrullas varadas, por falta de presupuesto, en los patios de un Ministerio. Claro que no es lo mismo contar con la comprensión, el apoyo y el respeto de la población que asumir la posición más complicada y demandante del gobierno de este país, con la opinión pública expectante por soluciones inmediatas, y soportando la crítica malintencionada contra su nombramiento precisamente por su virtuosa condición de mujer.
Nuestra flamante Ministra de Seguridad, estoy seguro, por su género y no a pesar de su género, nos devolverá la tranquilidad perdida.