Marcello Pignataro

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Lunes 10 Diciembre, 2007

Cambio de tipo

Marcello Pignataro

En conclusión –y espero que a mis estimables lectores no les haya pasado lo mismo con esta columna—, no entiendo.
En ningún lugar he visto, leído u oído que esta ventaja cambiaria se verá reflejada en mejores precios para el consumidor. Todo lo contrario ocurre cuando, por ejemplo, sube el combustible: la diferencia se traslada al consumidor. ¿Costará mucho que, por una vez en la vida, la masa que consume se vea beneficiada?
Desde que se dio la revolución sin avisar con el tipo de cambio las únicas entrevistas que hemos visto han sido a exportadores y hoteleros. Es decir: a los que el cambio en el tipo de cambio afecta negativamente.
Estoy de acuerdo en que todos queremos ganar, y queremos ganar siempre. Pero también creo que, si hemos ganado mucho, durante mucho tiempo, no nos debería afectar si dejamos de ganar un poco, durante algún tiempo.
Estas decisiones, como mi columna de hoy, parecen estar hechas al revés.
Lejos de aprovechar la oportunidad para atraer más turistas nacionales que son, como dijo un funcionario de una agencia de viajes, los que viajan todo el año dentro del país, ahora nos hacen pensarlo dos veces antes de optar por hacer la reservación en alguna de sus cadenas.
Me parece, y repito el “inicio” de mi columna, sin ser economista, que estas medidas lejos de incentivar, van a terminar de desmotivar el turismo nacional hacia los hoteles de playa, montaña y ciudad.
Algunos empresarios han sido un poquito más conscientes y hablan de colonizar sus tarifas o, como mínimo, algunos de los servicios que brindan.
Sin embargo, y lejos de pensar en lo que podrían percibir por ventas por volumen (mantener los hoteles más llenos durante más tiempo), algunos empresarios deciden realizar un incremento hasta del 10% en sus tarifas —en dólares— pese que la revaloración del colón si acaso ha llegado al 4%.
Ahora los costos operativos están en colones y, al tomar valor la moneda nacional, el margen de utilidad se reduce.
La excusa que presentaban antes, cuando el valor del dólar en relación al colón iba en ascenso meteórico, era que los costos estaban dolarizados y que, además, la mayoría de los turistas eran extranjeros y la divisa con la que venían era el dólar.
Posiblemente por eso no he logrado comprender la reacción de algunos empresarios hoteleros de trasladar lo que están dejando de ganar (porque mentira que están perdiendo), debido a la revaloración del colón, al consumidor nacional.
Empiezo esta columna advirtiendo que no soy economista, ni financiero, ni administrador de empresas.

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