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Buenos Aires al desnudo

• Esmerada producción argentina, recupera las atmósferas típicas del cine negro estadounidense

La señal
(La señal)
Dirección: Ricardo Darín y Martín Hodara. Reparto: Ricardo Darín, Diego Peretti, Julieta Díaz, Andrea Pietra. Duración: 1.35. Origen: Argentina-España 2007. Calificación: 7.

La producción argentina “La señal” rinde homenaje a la gran tradición del cine negro, con su repertorio de intrigas protagonizadas por investigadores desilusionados, funcionarios corruptos y mujeres fatales.
En años recientes, producciones de Hollywood como “Los Angeles al desnudo” (1997) y “Camino a la perdición” (2002), han intentado algo similar, reproduciendo situaciones y atmósferas típicas de este fascinante género estadounidense. La diferencia es que “La señal” no solo pretende revitalizar al cine negro, sino que traslada su ubicación a la Buenos Aires de 1952.
Mientras Eva Perón está en su lecho de muerte, dos detectives privados de poca monta siguen adelante con su rutina diaria. Ellos son Santana y Corvalán, dueños de una pequeña agencia cuyo lema es: “Métodos norteamericanos - Discreción garantizada”.
Gloria, la bella esposa de un gánster, contrata a Corvalán para buscar y vigilar a un hombre, quien aparece muerto pocos días después. Evidentemente, Corvalán es víctima de una trampa; sin embargo, él se enamora de Gloria y se deja involucrar en una peligrosa pugna mafiosa.
La compleja trama está basada en una novela del laureado escritor y cineasta Eduardo Mignogna (1940-2006). El mismo Mignogna iba a dirigir la película, pero falleció durante la preparación del rodaje. Así, el actor Ricardo Darín (“Nueve reinas”, 2000) aprovechó para debutar detrás de las cámaras, compartiendo la tarea de dirección con otro debutante, Martín Hodara.
Ambos realizaron un trabajo más que aceptable, narrando una historia interesante con precisión y rigor dramático. Quizá se les puede reprochar cierta falta de intensidad, en algunas secuencias que se extienden más de lo necesario. Además, se perciben varias imperfecciones en la grabación del sonido directo, lo cual a veces dificulta la plena comprensión de los diálogos.
Luce forzado el paralelismo que se establece, entre la agonía de “Santa Evita” y las trágicas vivencias del protagonista. A pesar de ello, el conjunto convence, con actuaciones puntuales y una excelente ambientación, donde destaca la esmerada fotografía con matices sepia, de Marcelo Camorino.
Sin ser una obra maestra ni mucho menos, “La señal” representa un loable esfuerzo por repudiar los esquemas comerciales de la actualidad y ver al pasado con una mirada nostálgica. Les gustará sobre todo a quienes extrañan el blanco y negro, y el sabor irreemplazable de las películas de antaño.


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