Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 24 Octubre, 2014

Frente a los gritos de angustia y dolor se levantan las voces de la esperanza


Angustia, dolor, esperanza

Tales son los sentimientos que se experimenta al leer las noticias provenientes de diversos rincones del planeta. El ébola acapara los titulares. Los Ministerios de Salud, la OMS, la OPS, la ONU, hasta los hospitales y los aeropuertos están en estado de máxima alerta debido a la facilidad con que se trasmite este mortífero virus proveniente de África. La causa fundamental de este apocalíptico flagelo radica en las condiciones deplorables (falta de higiene y desnutrición) en que han vivido no pocos de esos países, víctimas en el pasado de la esclavitud y del saqueo inmisericorde de sus riquezas naturales por parte de las metrópolis coloniales. Epidemias como el sida y el ébola tienen allí su verdadero origen y señalan con el dedo justiciero a sus reales responsables. No culpemos a los pueblos más pobres sino a quienes los han empobrecido.
Frente a esa aterradora amenaza, se levanta el ejemplo de Cuba, un pequeño país que, pese al infame bloqueo, universalmente repudiado, de más de medio siglo a que la ha sometido, violando el derecho internacional, la mayor potencia militar de la historia y vecino cercano, posee uno de los mejores sistemas de salud y avances en la investigación científica, como lo han reconocido organismos internacionales especializados.
Cuba ha enviado a África desde hace tiempo más de dos médicos y, para esta emergencia del ébola, se ofrecieron miles de voluntarios, de los cuales mandó 165 y más recientemente otros 68 especialistas solamente a un país, Sierra Leona, a Siere Leona, el país más azotado por ese flagelo.
Este gesto mereció el reconocimiento del secretario de Estado John Kerry, y un editorial elogioso del New York Times, por no hablar del coro mundial de voces que se elevaron en el mundo entero llenos de admiración por una Revolución tantas veces víctima de una multimillonaria campaña de difamación y odio.
Por su parte, los países del ALBA se han reunido de emergencia en La Habana para coordinar la ayuda a las regiones africanas afectadas. Todo lo cual nos llena de esperanza de que la solidaridad terminará por triunfar frente al egoísmo.
Por contraste, los sentimientos de dolor nos estremecen ante la angustia que sufren pueblos enteros en el vecino México donde, a los miles de muertos y desaparecidos provocados por la guerra contra los carteles del narcotráfico y del contrabando de armas, se suma ahora el asesinato de seis estudiantes y de 43 desaparecidos solamente en el Estado de Guerrero. Genocidios de estas dimensiones solo se pueden perpetrar con la complicidad de las fuerzas de la policía y del ejército y la participación directa o pasiva de las autoridades locales, amedrentadas y corruptas. Más que impunidad, lo que hay de la Revolución ahora en ese país es acción directa de un Estado no solo fallido, sino dominado por los carteles que lucran con el multimillonario negocio de la droga, del trasiego ilegal de armas y sobre todo, del lavado que allí se origina.
La sistemática destrucción de los logros —el más importante de los cuales ha sido la consolidación del Estado-Nación— de la Revolución llevada a cabo por ese heroico pueblo al costo de un millón de muertos, es la causa de esta catástrofe que viene sufriendo la Patria de Juárez y Zapata.
Pero ya los movimientos de solidaridad con el pueblo mejicano se hacen sentir en todas partes. Frente a los gritos de angustia y dolor se levantan las voces de la esperanza.

Arnoldo Mora