Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Jueves 2 Junio, 2016

 La impresión que da el asunto es que los integrantes de la Administración están complicados y comprometidos

Alegrón de burro

El lunes la prensa informaba que el gobierno (sic) pretendía limitar el gasto salarial para 2017. Era imperativo mostrar el esfuerzo y ponderar la intención, sin duda. No obstante, el miércoles siguiente, la prensa consignó que el gobierno (sic) abrió el portillo para aumentar el gasto público. ¡Legítimo alegrón de burro!
Tal contradicción entre una solicitud del Ministerio de Hacienda al resto de la Administración Central con el propósito de que el alza salarial estuviera ajustada a una baja inflación y de que no se crearan nuevas plazas con el anteproyecto de presupuesto nacional de 2017, por un lado, la eliminación de una directriz que frenaba el gasto público, parece ser la característica de esta Administración.
Por supuesto, asimismo, que tal contradicción evidencia falta de rumbo y consistencia en la gestión y le quita legitimación a la Administración en sus pretensiones tributarias.
Por rebote, causa ingobernabilidad. La gobernabilidad ha de ser una especie de combinación de legitimación y eficiencia, justamente lo que le falta a la Administración actual. Dicho de otro modo, se ponen para que les den.
¿Cómo explicarse tanta inconsistencia? La impresión que da el asunto es que los integrantes de la Administración están complicados y comprometidos. Comprometidos con grupos que les piden cosas diversas y complicados porque no tienen una fórmula para salir del asunto.
Algunos creen que la falta de decisiones consistentes es una vía apropiada. Entre palanganeo y promedio. En algunos casos es cierto que la verdad se encuentra entre todos, pero en las disciplinas serias ello no es cierto. El análisis gramatical, por ejemplo, no admite democracia sino precisión. Igual sucede con las operaciones matemáticas.
La Constitución preceptúa equilibrio fiscal y se impone a la hora de presupuestar. Esta Administración pecó gravemente en cuanto a ello. Luego ha querido compensar y equilibrar, pero el daño ha sido grave.
Con fórmulas y proyecciones ha querido demostrar que hay una grave evasión y elusión fiscal. Pero no se trata de números reales sino proyecciones y fórmulas. No es dinero cobrable sino un estimado abstracto. Con esa estimación no se hace nada más que meter cuento.
La verdad es que hay que racionalizar el gasto público y sanear las finanzas públicas. Ello requiere consistencia, valentía y decisión.
Lo que sucede es que la inconsistencia y contradicción apuntadas ponen a la Administración en una situación incómoda. Ello por cuanto pierde legitimación para plantarse ante sindicatos y empleados públicos, deja ver la falta de valor y se retrata como falta de decisión. Da la impresión de que la Administración está secuestrada, que cuando se mueve un paso en la dirección correcta entonces las presiones inconfesables, los compromisos y los miedos la llevan a borrar con el codo lo que había escrito con la mano.
Los ciudadanos de a pie, en tanto, no hacemos sino llevarnos alegrones de burro, pues no hay coherencia ni razón en este desacertado modo de hacer las cosas.

Federico Malavassi