Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 30 Agosto, 2017

Pizarrón

Al margen

Estamos prácticamente a cinco meses del día de las elecciones. Casi todo el andamiaje electoral ya está preparado, los partidos políticos que van a participar ya están decididos, los candidatos presidenciales ya están definidos, restando en la mayoría de los partidos que sean ratificados por sus asambleas nacionales.

Los candidatos a diputados, por su parte, están en proceso de definirse y aprobarse por sus respectivas asambleas provinciales y nacionales, según corresponda a cada partido inscrito. Pocos partidos ya los han aprobado, curiosamente, sin conocimiento público de quienes son las personas o candidatos que se proponen, más allá, en el mejor de los casos del primer lugar que encabeza cada provincia.
No hay ninguna coalición electoral participando, a pesar de que algunos partidos, o sus dirigentes, plantearon esta posibilidad hace algunos meses. Cada partido va por lo suyo, a nivel presidencial y a nivel de diputados, o en ambos niveles. Falta desarrollar en el país la cultura de las coaliciones políticas no solo electorales, sino de gobierno, coaliciones nacionales para gobernar.

El espectro político electoral, especialmente desde 1970, ha contemplado la presencia y participación de agrupaciones, o partidos políticos, de izquierda y al mismo Partido Comunista de Costa Rica. Esto es parte de nuestro desarrollo democrático, electoral e institucional.

En todos estos años, hasta hoy, han sido bastantes los partidos de izquierda, que han participado en los procesos electorales, con poco resultado electoral y parlamentario, exceptuando las parlamentarias del 2014, en que el Frente Amplio logró elegir, de un solo golpe, nueve diputados, lo que equivalía a todos los diputados electos entre 1934 y 1948 por el Partido Comunista, y a todos los diputados electos entre 1970 y 2010, por todos los grupos de izquierda.

Del Partido Comunista de Costa Rica no nacieron otros partidos de izquierda, u otras formas comunistas de organización, como sucedió en gran cantidad de países, y en América Latina, resultado de la escisión de estos partidos comunistas. El sólido liderazgo de los fundadores del Partido Comunista costarricense le dieron una historia monolítica, íntegra, unitaria desde su nacimiento, en 1931, hasta su desintegración o división a mediados de la década de 1980-1990.

Las otras vertientes de izquierda resultaron de su propia dinámica y por el impacto de la situación internacional, de manera muy particular, la Revolución Cubana y la Revolución China más que cualquiera otra situación, junto al desarrollo de las vertientes trotskistas desde la década de 1970.

No hubo en el país desarrollo de guerrillas campesinas ni urbanas, como parte de este escenario.

En el campo electoral el Partido Comunista o Vanguardia Popular, como se llama desde 1943, ha venido disminuyendo su presencia nacional, electoral e institucional. De hecho casi ha desaparecido. Otras formas de partidos de izquierda han surgido y le han superado en el escenario electoral y parlamentario. Excepto los partidos trotskistas los restantes carecen de un ideario político público, identificado con doctrina o pensamiento político de izquierda elaborado, clásico o moderno. Responden más a situaciones meramente electorales, y sus planteamientos se reducen, en el mejor de los casos, a los posibles programas de gobierno, cuando los elaboran, o a lineamientos políticos generales para la acción de gobierno si llegaren a él. Pocas veces se definen claramente como partidos de izquierda, aunque así se les estigmatice, o aunque así se desprenda del nombre del partido.

En las elecciones actuales, de nuevo, el gran ausente es el Partido Vanguardia Popular, el Partido Comunista de Costa Rica, fundado en 1931, el más viejo de todos los partidos existentes, que en esta ocasión, como en 2014, no va a participar ni a nivel nacional ni a nivel provincial. Y no lo hace porque, por descuido, léase bien, por descuido, no atendió a tiempo las observaciones que le hizo el Tribunal Supremo de Elecciones, para corregir aspectos de su proceso de inscripción. Esta desatención es una falla de sus dirigentes, de los encargados de la organización electoral y de sus abogados que tenían que estar atentos a las resoluciones del Tribunal Supremo de Elecciones.

El Tribunal Supremo de Elecciones advierte a los partidos políticos estos aspectos, que si se corrigen hacen que el proceso de inscripción se continúe con bastante éxito.

Para mí es clara la no participación en 2014, o el poco esfuerzo que hicieron por no inscribirse en esa elección, y sabía que Vanguardia Popular intentaba hacerlo en la que viene, la de 2018, a nivel provincial, en Limón, no a nivel nacional, porque es una organización débil en este sentido en todo el país, y así ya lo habían reconocido sus principales dirigentes.

En las elecciones de 2002 y 2006 participó coaligado en los partidos “Cambio 2000” y en “Izquierda Unida”. Como Vanguardia Popular la última vez que lo hizo fue en 1994.

Es un partido inscrito con letras de oro en la historia costarricense. A él, y a la izquierda que representó, se le deben importantes reformas sociales y leyes, así como parte de la filosofía del desarrollo democrático nacional. Así se les ha reconocido en sus principales dirigentes que han sido declarados Beneméritos de la Patria.

Ha sido un partido con una experiencia electoral enorme, adquirida casi desde su fundación, participando desde 1934 hasta 1948 seguido, por medio del Bloque de Obreros y Campesinos, hasta 1942, luego con la coalición del Bloque de la Victoria, en 1944, y como Vanguardia Popular en 1948. Durante el periodo 1949 - 1969 no pudo participar en elecciones, porque se le ilegalizó, y desde 1970, con el Partido Acción Socialista inició de nuevo su proceso de participación electoral, y luego con la coalición Pueblo Unido tuvo gran presencia.

En su esencia Vanguardia Popular fue un partido electoral. Su propósito fue alcanzar representación parlamentaria principalmente, y eventualmente lograr el Gobierno de la República, sin que este fuera el centro de su lucha política.

Nunca apeló a otras formas de lucha, ni siquiera cuando estuvo ilegalizado, para alcanzar el poder. Siempre, aun durante esta época, 1949-1979, buscó desde la clandestinidad cómo participar en los procesos electorales y luchó por lograr su legalidad. Para ello fomentó partidos políticos, que fueron ilegalizados, en casi una decena. Sin poder participar con organización propia, llamó a sus militantes a votar por aquella opción que creía era más conveniente para el país en cada proceso electoral de ese tiempo.

La división del Partido Vanguardia Popular, a mediados de la década del 80-90, le causó una herida prácticamente mortal, que lo hizo decaer como organización política electoral hasta hoy, y como organización política presencial y directora en los movimientos sociales, campesinos, sindicales y estudiantiles principalmente. Su dirigencia política se dividió, se dispersó, y una parte renegó de su pasado.

A pesar de los esfuerzos que hacen actualmente algunos de los dirigentes vanguardistas, de ambos bandos, de los que permanecen en Vanguardia Popular, y de los que están fuera, por reunir a los comunistas históricos en una sola organización, me da la sensación de que hasta esta elección llegan como tal. Quedarán como una Tertulia Comunista, al menos por ahora, y como un espacio de debate y de reflexión alternativo, de izquierda comunista, especialmente en Facebook, y como una vitrina de crítica política.

Las organizaciones trotskistas no llevan candidato presidencial, y me parece que tampoco llevan candidatos a diputados.

La lucha electoral, que es un nivel muy importante de la lucha política, al menos en un país como el nuestro, no puede despreciarse por estas fuerzas políticas de izquierda y comunistas, si no hay a la vista otras opciones de llegar al Gobierno, que no es llegar al poder político.

Uno de los problemas que quizá ha incidido en alto grado, en esta crisis, es la caída del sistema mundial socialista, como modelo alternativo al capitalismo. Con esta crisis mundial muchos partidos comunistas dejaron de llamarse de esa manera, perdieron influencia en países donde eran la segunda o tercera fuerza electoral. Dejó de debatirse sobre la instauración del socialismo y dejó de verse la sociedad comunista como una meta histórica. Ciertamente han aparecido en esos países otras fuerzas de izquierda, que no plantean el socialismo revolucionario como meta histórica.

Se desarrollaron procesos sociales, de carácter reformista, importantes en algunos países, incluso del continente. La “Revolución ciudadana” en Ecuador, la “Revolución Pluriétnica y Pluricultural” en Bolivia, la “Revolución Bolivariana” en Venezuela, especialmente en el periodo del presidente Chávez. Estos procesos se trataron de cubrir bajo la bandera del “Socialismo Siglo XXI”, que fracasó como concepción, y que los propios comunistas cubanos así lo han reconocido y critican.

El que “otro mundo sea posible”, como se ha afirmado en el Foro de Sao Paulo, desde su fundación, después de la crisis del socialismo mundial, no se ha podido materializar en una idea concreta por la cual luchar, así como se luchaba por instaurar el socialismo antes de 1989 a escala internacional.

En esta dimensión el socialismo soviético era un referente histórico muy determinante. Malo o bueno, según se quiera ver hoy, a 100 años de la Gran Revolución de Octubre, era lo que se trataba de instaurar. Hoy no existe. El socialismo chino, el socialismo vietnamita, el socialismo coreano, el socialismo cubano hoy no son los referentes a imitar por fuerzas de izquierda ni comunistas. Menos lo es la experiencia de gobierno, y de administración económica, que no es socialista ni comunista, que se impulsa en Venezuela como modelo autoritario para instaurar en Costa Rica.

El pensamiento político de izquierda y comunista carece hoy de un modelo a desarrollar alternativo al capitalismo, que se plasme como bandera de lucha, como bandera política, como bandera electoral frente a los otros partidos políticos, y frente al modelo económico y social que tenemos.

Ni siquiera se ha desarrollado adecuadamente la idea de un socialismo a la costarricense, a la tica. Se atribuye este contenido al pensamiento de Manuel Mora Valverde. Pero, más que un modelo de pensamiento, era a una práctica política, de relaciones políticas, que Manuel Mora logró imprimir a su partido, por la forma como él veía la necesidad de actuar en el escenario político nacional, y por la forma en cómo él era tomado en cuenta por los actores políticos nacionales, y por la forma en cómo él interpretaba la realidad social y política nacional.

No es suficiente entender que mientras haya injusticia social siempre habrá lucha por el socialismo. Esta lucha requiere organización política que se proponga alcanzar esta meta política y requiere proclamarlo, decirlo, y asumirlo como un estado de conciencia social.

La lucha electoral da espacio, da voz, da posibilidades de organizar, movilizar y de llevar las luchas políticas, teóricas o ideológicas a amplios sectores de la población, da la posibilidad de reclutar y de agitar las tesis políticas, y revolucionarias, que se consideren para el momento que vive el país.

No se discute hoy, en estos sectores de izquierda, si el socialismo es posible en el país, o qué modelo alternativo al desarrollo capitalista costarricense debe promoverse.

Renunciar a la lucha electoral, no participando en las elecciones, para estas organizaciones, es prácticamente sentarse en la gradería política y electoral a ver la marcha del proceso electoral, sin incidir en él de modo directo. Lo más que pueden hacer es comportarse como lo hacen las barras de fanáticos en los estadios de fútbol, gritar, gritar y gritar, y encolerizarse frente a quienes ganan o pierden el partido.
En el país siempre habrá izquierda política, e izquierda política electoral. La izquierda política como personas, o grupos de personas, que piensan la sociedad de una manera distinta.

La izquierda electoral, como aquellos que tratan de organizarse para efectos electorales y tratar de obtener una curul legislativa, principalmente. Cuando se obtiene un curul municipal ni siquiera trasciende la labor de estos representantes en sus comunidades.

Esta parte de la izquierda se contenta con tener al menos una curul parlamentaria, tener y asegurar ese nicho, para tener voz pública, para oírse a sí misma, para tener cierta capacidad de negociación de voto parlamentario, sin proponerse realmente una toma del gobierno ni un cambio estructural que no se logra legislativamente. Su meta es la Asamblea Legislativa aunque participe con candidatos presidenciales. Del mismo modo, que en otro escenario, su meta es tener alguna presencia en organizaciones estudiantiles, sindicales y sociales, y en el mejor caso dirigirlas, o formar parte de sus direcciones políticas.

El nicho legislativo recientemente lo consolidaron, en el Frente Amplio, cuando tomaron la decisión de que para esta elección de 2018, las provincias que encabecen hombres y mujeres, en la elección de 2022, invertirán su posición. Así, por ejemplo, la provincia de San José en 2018 se encabezará por un hombre, lo que significa, que en 2022 lo hará una mujer. ¿De nuevo Patricia Mora? Y así sucesivamente, porque es claro que los que han sido diputados, y los que sean a partir de esta elección, seguirán jugando alternativamente. Ese es un nicho asegurado de alternancia legislativa, también.

A nivel de la representación política de las fuerzas de izquierda, paralelas y alternas a Vanguardia Popular, ha habido y hay otras manifestaciones electorales, a nivel nacional, provincial y cantonal, igualmente débiles.

Las fuerzas de izquierda surgidas en el país, desde la década del 60, prácticamente no han sido resultado de divisiones de Vanguardia Popular. La que surgió en medio de su crisis final, en la década de los 80, no llegó a desarrollarse electoralmente, y se mantuvo como el núcleo de reunión de una parte de la vieja dirigencia que seguía a Manuel Mora Valverde, y conforme han ido muriendo sus integrantes ha ido desapareciendo.

Para las próximas elecciones este escenario de debilidad parece no cambiar, y parece agudizarse de nuevo
En las elecciones de 2014, el que se hubiere elegido una representación de nueve diputados del Frente Amplio no significó ningún cambio en este sentido. Tan solo se evidenció el papel del nicho legislativo que les interesa tener para hacerse oír, agravado con la crisis que ha mostrado en el orden moral esta representación parlamentaria, con la crisis organizativo partidaria que ha manifestado, con el desastre electoral que tuvieron en las elecciones municipales, con la división que han exhibido, con el oportunismo electoral que muestran hacia 2018, con la indefinición ideológica que tienen sus principales voceros, con la defensa a ultranza, y ciega, que hacen de la corrupción del proceso gubernativo venezolano, que pareciera es el modelo de gobierno y de economía que quieren establecer en Costa Rica, en la posibilidad de llegar a gobierno.

En buena letra legislativa la fracción parlamentaria del Frente Amplio no se ha hecho sentir en correspondencia con ser la tercera fuerza numérica de diputados. No ha tenido capacidad para lograr acuerdos políticos nacionales significativos, importantes o trascendentes. No han sido un motor legislativo en ninguna iniciativa parlamentaria. Y si han logrado algo no lo han cacareado adecuadamente. Esto no quiere decir que no hayan presentado proyectos de ley, y que hayan logrado alguna. No han sido un aglutinador ni movilizador de masas alrededor de proyectos de ley.

No han sido una fuerza de control político significativo ante el electorado. Por el contrario han sido convidados de piedra frente a su alianza práctica con el gobierno del Partido Acción Ciudadana, asumiendo también la parte crítica que a este gobierno le corresponde.

El triunfo parlamentario de 2014 no fue un resultado de un desarrollo de la conciencia política y social nacional que se manifestó en esa votación. Fue el resultado de un estado emocional anti Johnny Araya, anti Liberación Nacional, anti políticos tradicionales y anticorrupción en general, que logró encauzarse, en ese momento, por un discurso que agitaron de arenga pública, más que de contenido político, que logró calar. Pero esa masa de votantes fue totalmente volátil y efímera desde los primeros pasos que empezaron a dar como fuerza parlamentaria, sin que se hubiera traducido en una gran fuerza política organizada, lo que se pondrá a prueba en las elecciones de 2018.

El Frente Amplio hoy se desenvuelve entre los que quieren ejercer un control más monolítico interno de sus futuros representantes electorales, que de expresar el carácter amplio con que fueron electos algunos de sus actuales diputados. Y se mueve, también, en una gran indefinición teórica e ideológica. No es suficiente decirse de “izquierda”.

Decía Fidel Castro, hace muchos años, discutiendo entonces con el Partido Comunista de Venezuela, a propósito de las guerrillas que había en aquel país, que mucha gente que se llamaba águila no tenía una sola pluma en el pecho.

No es una cuestión de nombres o de autodefinición de izquierda.

¿Cuál es el panorama de la izquierda costarricense ante el próximo proceso electoral? Esta discusión está abierta.