Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Viernes 12 Junio, 2015

Agenda pendiente

Mucha agua ha pasado bajo el puente, pero no hay que olvidar la agenda pendiente, no hay que quitar el dedo del renglón ni dejar de lado la tarea por hacer.
El país entero sufre con el tema de los altos costos de la energía. Tenemos una perversa combinación de monopolios estatales que nos lleva a depender de las ocurrencias de entidades públicas de naturaleza compleja.
El ICE, aquella entidad que en algún momento convocó a algunos costarricenses visionarios y comprometidos, se ha convertido en una de las causas directas de nuestra complicación energética. Altísimos costos y esquemas financieros inaceptables se conjugan con una serie de problemas más (empleomanía y secretismo institucional). Cada proyecto suyo encarece la energía y compromete el futuro de la sociedad costarricense.
¿Qué decir de Recope? Este ornitorrinco jurídico que representa las confusiones históricas del siglo XX. Inició como oportunidad del proteccionismo industrial (los aranceles protegían el aventurismo), con una refinería que requería un coctel especial. Fue donada al Estado cuando el modelo reventó, iniciando la discutible existencia de “sociedades anónimas” en manos públicas (esta, particularmente, con el Consejo de Gobierno como asamblea de accionistas) generando la necesidad de estirar los controles del Derecho Público más allá de las administraciones públicas tradicionales (Contraloría, control jurisdiccional, aplicación analógica de normas del Derecho Administrativo, Aresep). Alguna vez caja chica del Estado, esconde gollerías y privilegios impensables para el resto de los costarricenses.
Ambos regímenes o monopolios mantienen el alto costo de la energía y el manejo demagógico de muchos conceptos, disfrazados de bien común.
A todo ello se suma la incapacidad pública de proveer infraestructura pública apropiada y acorde con el inmenso gasto público. Pareciera que la actual Administración (MOPT) entiende dónde están los nudos que impiden un desempeño adecuado pero, sin embargo, aparecen las ocurrencias del Ejecutivo que terminan desviándonos de una solución apropiada (vg. el ICE construyendo carreteras y otra infraestructura pública).
Y, para colmo de males, la manía de la regulación, la tramitopatía que enferma a la Administración Pública costarricense y que concita a los estatólatras y enemigos de la libertad contra las posibilidades de prosperidad y desarrollo. No es de extrañar que los empresarios peguen contra la pared, se sientan estrujados y los que pueden huyen a toda prisa.
¿No existía una promesa de energía abundante y barata? ¿No existía una promesa de actuar contra la corrupción? ¿No es evidente que ello significa actuar contra las causas y no solo contra los efectos?
Mientras tanto, la educación pública va como el cangrejo, la infraestructura caduca, la economía se desacelera y el desempleo cunde. El endeudamiento público aumenta y la colocación de la deuda se encarece. ¿Será que los gobernantes se olvidaron de la agenda?

Federico Malavassi