Federico Malavassi

Federico Malavassi

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Miércoles 22 Julio, 2015

Encuentro muy razonable la pluma del ingeniero del ICE y poco prudente y menos racional el acuerdo universitario

Acerca del empleo público… o las razones del lobo

He leído con paciencia los manifiestos del Consejo Universitario (UCR) y del Presidente del ICE en relación con la publicación de información de cuestiones económicas y trozos de las planillas correspondientes (extraídos de Sicere).
Debo decir que encuentro muy razonable la pluma del ingeniero del ICE y poco prudente y menos racional el acuerdo universitario. ¡Cosas veredes!
Lo cierto es que la remuneración de los empleados de las instituciones públicas es asunto de interés público. Ello es innegable. Si hay desproporción con lo que gana la mayoría de los costarricenses habrá reacción. No necesariamente racional, por supuesto, pues podría imperar la envidia, la sorpresa y la indignación. La información es importante, sobre todo en una República.


Ambas publicaciones incurren en un error básico, molestarse con la indagación pública y ponerse a la defensiva. Al sector público no debe dolerle ni molestarle que lo indaguen ni le pidan razones. Pero la soberbia universitaria está muy lejos de la molestia de ICE. Al buen pagador no le duelen prendas y quien nada debe, nada teme.
Lo que sucede es que en tanto los del ICE terminan reconociendo errores, recuperaciones y el compromiso con algunos propósitos (eludiendo otros, como el de la energía barata y el dar cuentas), en cambio los universitarios recurren al irracional argumento ad hóminem, a la indemostrada suposición y a argumentos que no soportan un examen de racionalidad.
Los datos están, son ciertos y provienen de fuente incuestionable. Se pueden dar explicaciones pero no se puede atacar a todo el sector privado ni esconder lo evidente.
No pretendo emular la poesía de Darío, ni el genial cuento de Fernando Alonso, tampoco repasar las versiones del lobo de Greccio (o de Gubbio) sino el tema psicológico y franciscano que se halla tras la alusión a las razones o motivos del lobo.
No hay que temer al lobo, no se vale para el lobo enredar las razones de los humanos con las suyas, hay que superar el temor a las zonas más oscuras y dejar de tenerle miedo a la sombra.
Ello concluirá en equilibrio espiritual y psicológico de la sociedad y de cada cual.
Si la información requiere aclaraciones y sistema, pues a aportarlos sin demora y sin regateos. El funcionario público, en el recurso de amparo, primero debe informar y luego, si se requiere, justificar. No puede entrar a confrontar a quienes tienen el deber político de buscar la información y compartirla.
Si quieren tener privacidad, entonces pásense al sector privado y disfruten de la confidencialidad y la libertad (bastante irrespetadas ya por las normas que el sector público impulsa), pero no jueguen (sobre todo los universitarios) de vivos escondiendo lo que es de todos, censurando la información y, peor aún (sobre todo los universitarios) haciendo chistecitos, mofa y enredo con el manejo de lo público, pues los retrata como malos servidores, infieles y con la mala costumbre de volver el rótulo para adentro.

Federico Malavassi