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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Aborto como derecho

Alejandro Madrigal [email protected] | Viernes 22 junio, 2018


Aborto como derecho

La semana pasada Argentina dio un paso sumamente importante en el reconocimiento de los derechos de las mujeres. El Parlamento, con 129 votos a favor y 125 en contra, aprobó la interrupción del embarazo hasta las 14 semanas y ahora el proyecto debe ser votado favorablemente por el Senado para convertirse en ley. Independientemente de si la ley prospera o no en el Senado, ya esta conquista llegó lo más lejos que ha llegado en la historia del país latinoamericano. Ya es un logro en sí mismo. Porque el país y en consecuencia buena parte de la región se pusieron a discutir un tema complejo, polémico y en torno al cual suelen girar argumentos inválidos, falaces o carentes de sentido. Aquí trataré de resumir algunos de los argumentos que me hacen celebrar esta discusión.

Lo primero es un tema de lógica: estar a favor o en contra del aborto no son posiciones simétricas o en igualdad de condiciones. Porque quienes están en contra están imponiendo su visión a todos los demás, si el aborto es prohibido, nadie puede abortar y la opinión de unos se vuelve obligatoria para todos. Mientras que quienes no estamos en contra del aborto, estamos a favor del derecho a decidir. Es decir, si una persona no quiere abortar, no tiene por qué hacerlo, a nadie se le obliga a algo que no quiere y no se impone la visión de unos sobre la de otros. El único motivo válido por el cual algo debería ser prohibido para todos, es si se trata de algo antiético, o en contra de la dignidad humana, y esa es la siguiente discusión.

Al igual que casi todas las personas, cuando era más joven estaba totalmente en contra del aborto, porque estaba convencido de que era inmoral, de que se trataba de “asesinar bebés”, como lo venden los más conservadores y la prensa más irresponsable. Repetía lo que había escuchado y las imágenes que había visto por años. Gracias al debate con personas estudiosas, en especial mujeres, que son las que efectivamente pueden vivir esto, describí una serie de argumentos que evidenciaron mi profunda ignorancia en el tema.

El primer argumento que suelen esgrimir quienes se llaman “provida” es que la vida comienza en la concepción, o si el embrión abortado está vivo. Eso es parcialmente cierto. La vida no comienza en la concepción porque la vida nunca terminó, desde antes de la concepción ya teníamos vida. El óvulo y el espermatozoide que se fundieron para la concepción ya eran células vivas, si no la concepción no se hubiera llevado a cabo en primer lugar. Entonces no, la vida no comienza en la concepción, sino que continúa la vida que ya venía desde antes. Ahora, que sean células vivas no significa que haya que protegerlas o que sean sujeto de derecho, porque de ser así, los millones de espermatozoides que no logran fecundar un óvulo, o los cientos de óvulos que una mujer desecha de su cuerpo a través de la menstruación a lo largo de su vida también deberían ser sujeto de derecho y es igual de absurdo siquiera pensarlo.

Acá la discusión no es si hay vida o no. La hay, siempre hablamos de células vivas. La discusión es si estamos hablando de una persona, porque somos las personas las sujetas a derechos, no los cúmulos de células en abstracto. Y es que eso es lo que ocurre en las primeras semanas de embarazo, estamos hablando de un grupo de células sin forma, sin sistema nervioso, que por su naturaleza nunca pueden ser considerados un ser humano, empezando porque no existe viabilidad de vida fuera del útero. Es hasta alrededor de las 20 semanas de gestación que el feto tiene alguna viabilidad pequeña de la vida fuera del útero. Hablamos de un cúmulo de células que, si se dan ciertas condiciones, podría llegar a convertirse en un ser humano. Y esas condiciones biológicas y químicas son muchas. Porque solo una minoría de los óvulos fecundados logra concretarse en un embarazo exitoso. Es normal que la mayoría de los óvulos fecundados a lo largo de la vida de una mujer adulta sean expulsados y no resulten en embarazo exitoso, porque no se dieron las condiciones biológicas y químicas dentro del cuerpo de la mujer. Es decir, ya los cuerpos de las mujeres interrumpen embarazos todo el tiempo, embarazos de los que probablemente nunca se dio cuenta, porque la interrupción se dio en una etapa muy temprana.

Estamos hablando del aborto antes de 12 o 14 semanas. Es decir, en una etapa muy temprana, cuando el embrión no está ni cerca de considerarse un bebé, porque el embarazo no se trata de un bebé pequeño que crece. Así como un huevo no es una gallina, o unas semillas no son un árbol, un embrión de pocas semanas no es un ser humano. El embarazo se trata de la evolución de células que van desarrollando tejidos, órganos y sistemas para, con el tiempo, convertirse en persona. Cuando llega a esa etapa sí debe considerarse como sujeto de derechos. Hasta entonces, el único sujeto de derecho es la mujer embarazada, la cual tiene una vida construida, sueños, metas y su propia dignidad. Obligarla a continuar un embarazo con el que no quiere, es violentar su vida y su dignidad.

Si los embarazos son interrumpidos todo el tiempo por razones biológicas y químicas, también deberían poder interrumpirse por razones sociales y humanas. La maternidad y la paternidad deben ser una decisión, no una imposición, por la enorme cantidad de responsabilidades y sacrificios que implica. No se limita solo a una decisión del cuerpo, es también los proyectos y planes que la persona puede tener para el resto de su vida. No es justo que por una visión fundamentalista de la vida, miles de mujeres deban hipotecar sus sueños y truncar sus vidas por un embarazo no deseado. Y en muchos de los casos, condenándolas a una condición de pobreza, por tener que asumir la responsabilidad de un hijo (u otro hijo) al que no pueden mantener ni brindar una vida digna. Ser provida no es defender el derecho de un conjunto amorfo de células, es preocuparse por la vida de la mujer, la cual sí tiene toda una vida construida y muchas decisiones y experiencias por delante, sobre las que debería poder decidir.

Ser hombre y negarse al derecho a decidir de las mujeres es completamente machista. Es decir que yo, sin tener útero ni tener forma de quedar embarazado nunca, les impongo a las mujeres qué deben hacer con su propio cuerpo. Y ser mujer y negarse al derecho a decidir implica una falta de empatía, indiferencia y una gran falta de solidaridad con mujeres para las que fue su opción. Abortar nunca es la primera opción, no es una práctica que se disfrute, ni que se haga indiscriminadamente. Es un último recurso al que se recurre cuando todas las demás herramientas de planificación familiar fallaron. Y de hecho se sabe que en los países donde se ha aprobado el aborto, las cifras no aumentan, lo que cambia es que se practica de forma segura, sin exponer la vida de las mujeres.

Lo cierto es que todos los años miles de mujeres abortan. Las mujeres con dinero lo hacen de forma segura, las que no lo tienen, arriesgan su vida, y todas los hacen de forma clandestina. Entonces, si las mujeres tienen derecho a decidir, porque ellas son sujeto de derecho, esas clandestinidad debe desaparecer, porque encima de todo, está provocando que solo las mujeres con dinero puedan hacerlo de forma segura, y las mujeres más pobres son las que exponen sus vida, generando aún más injusticia y desigualdad.