Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 1 Octubre, 2009


VERICUETOS
¡A mí con rankings!

Consulta Mitofsky, la reconocida firma mexicana, nos receta esta semana un “ranking” muy particular, la “Evaluación de los Mandatarios” de América y el mundo.
Sin duda la primera cuestión que surge es el reparo en la dudosamente fiable metodología que esta empresa utiliza para valorar el desempeño de presidentes y jefes de Estado. Dice Mitofsky que la clasificación se basa en información obtenida internamente en cada país, aunque no indica de qué fuente exactamente. Primer gravísimo error, porque no es lo mismo, por supuesto, preguntarle a La Nación qué opina de Oscar Arias que inquirirle a Juventud Rebelde o a Granma qué piensan de Fidel. ¿O sí? Segundo pecado capital: cómo se puede valorar el resultado ofrecido por los generadores de opinión locales y compararlo con el de otras latitudes si, como resulta evidente, se deben haber aplicado métodos y criterios absolutamente diferentes. Tercera gran torta: no se puede aceptar que se tase con el mismo rasero a un gran líder demócrata como Obama que a un antifaz de mandatario como… (ponga aquí el nombre de su populista favorito). Es como comparar peras con sánguches de huevo.
Para no acabar: ¿qué es lo que se valora? Si el “estudio” se denomina “Evaluación”, supongo que es un análisis integral de la gestión de los mandatarios, es decir, un muy concienzudo estudio comparativo de los resultados de su gestión en, al menos, las mismas áreas de interés. Algo así como poner a la par los índices de crecimiento económico logrados por Evo y por Lula; confrontar las cifras de Inversión Extranjera Directa de Arias con las de Chávez; cotejar los indicadores de libertad de expresión en Washington y en La Habana o, por qué no, comparar el nivel de satisfacción y felicidad de un ciudadano de Tucurrique que puede, aunque sea a duras penas, aspirar a educarse, conseguirse un trabajito decoroso y ponerse en huelga contra lo que sea y lo que quiera, con el futuro de un paisano de Pinar del Río cuyas esperanzas de progreso (definido este como el poder comprar un bollo de pan añejo y media libra de papas haciendo fila por ocho horas seguidas) se disipan desde que nace condenado al colectivismo que le recetan desde arriba los de arriba (muy de arriba).
Me complace que el presidente recién inaugurado de El Salvador, don Mauricio Funes, rompa récords con un 84% favorable. Dios se lo conserve por mucho tiempo.
Me alegra también que Lula y Martinelli, conductores de dos países-sorpresa aparezcan en la cúspide de la listita esta; tanto como me causa enorme sorpresa que “por falta de información” no se haya incluido a Hugo, el omnipresente mediático más enfatizado que haya conocido la historia de la humanidad.
Vean ustedes qué rigor científico el de esta “evaluación” que el primer ministro australiano y orgulloso islamofóbico, Kevin Rudd, es considerado el top de Europa y Asia (por cierto, Australia está ahora en Europa o en Asia? Que alguien les mande un mapamundi a los de Mitofsky) junto con el anti-misógino empedernido de Silvio Berlusconi, a quien parece que los escándalos de faldas le han hecho saltar a las alturas de la fama (y la envidia).
No me parece que el prestigio y respeto global de Oscar Arias se vaya a deteriorar en lo más mínimo porque estos profesores de geografía universal de la tal Mitofsky lo consideren menos apto que Evo y Correa. Ay Dios mío, lo que hay que ver.