Natalia Díaz

Natalia Díaz

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Jueves 5 Abril, 2018

A mejorar las estructuras partidarias

Costa Rica sigue siendo un país cuya democracia se sustenta en un fuerte régimen de partidos políticos. Mucho hablamos y criticamos a los mismos, y con cuánto ímpetu lo hicimos con ocasión del actual proceso eleccionario en primera y segunda ronda.

Sin embargo nos enseña el último “Informe del Estado de la Nación” que según análisis de estudios recientes, (Barómetro de las Américas 2016), notamos que un 72% de la ciudadanía costarricense cree en los partidos políticos como necesarios para que opere la democracia y un 82% igualmente no está de acuerdo con su desaparición.



Con lo anterior se evidencia que el costarricense, a pesar de las mayores críticas o resistencias que muestra hacia los partidos, considera que con todo y ello, son necesarios para la existencia de la democracia, y que lo requerido es una mejora en la calidad de los partidos y sus miembros, dirigentes, y propuestas, pero no en su desaparición. Quizás esto se puede apreciar mejor ahora con ocasión del proceso electoral que vivimos. Hubo una sanción severa a los partidos más tradicionales y a varios otros partidos a los cuales el electorado dejó sin representación legislativa, dando paso a una nueva fuerza electoral y reafirmándose otra surgida en los últimos años.

Estas primeras advertencias, o mejor valoraciones aún en el calor de los resultados, nos llevan a la necesidad de reflexionar, de manera directa en algunos temas relacionados con la conformación estructural de los partidos, sus definiciones políticas y orientaciones ideológicas, así como su apertura hacia los distintos colectivos o grupos sociales, y su vinculación con las bases partidarias y la movilidad interna de sus miembros, para ascender o descender de las posiciones del mayor nivel político. Quizás estos elementos vienen marcando la pauta en la erosión tenida por los partidos políticos en el cuadro electoral del país.

Evidentemente que la organización básica interna de los partidos está definida especialmente en el Código Electoral. Sin embargo, si incursionamos en sus cúpulas partidarias, o comités centrales, nacionales, o directorios políticos, o como se les quiera llamar, podremos notar la existencia de una tipología de partidos claramente definida en tres grupos, siguiendo a dicho Informe del Estado de la Nación: 1. Aquellos partidos cuyo fundador o fundadores permanecen por la mayor parte del tiempo en la conducción del mismo, siendo que algunos dirigentes optan por retirarse de la estructura. 2. Otro grupo lo forman aquellos cuyos líderes permanecen más de un 50% del tiempo de vigencia activa del partido y luego facilitan una renovación de dirigentes con otros que logran ascender a sus cargos más importantes. 3. Por último, están los partidos que con una amplia base de líderes, logran o permiten que estos también asciendan a los mayores cargos en las cúpulas y evidencian también mayores crisis y procesos de renovación dirigencial. Téngase aquí a los partidos tradicionales de Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana; en los del grupo anterior Frente Amplio, Renovación Costarricense, Restauración Nacional y Acción Ciudadana, y en los del primer grupo, a otros partidos que nunca se renovaron.

No obstante esta tipología partidaria que podríamos discutir, nos muestra la necesidad de una profunda revisión de nuestro régimen de partidos, a efecto de que no disminuya más la confianza en la democracia. De lo anterior resulta revelador que aquellos partidos con muy destacados y absorbentes liderazgos ejercidos permanentemente en los mismos, son los partidos cuya vigencia está en mayor riesgo, lo cual sin hacer mucho esfuerzo fue notorio en los resultados electorales recién efectuados. Mientras que los partidos con una mayor permeabilidad de los liderazgos hacia las cúpulas son los que alcanzan mayor permanencia en el espectro político.

Casi sin excepción, en cinco partidos que perdieron su participación legislativa, sus fundadores mostraron esa preponderancia tan marcada en los mismos. Entonces, lejos de consolidarse, ampliar sus bases, mejorar la representación, desaparecieron en su representación bien ganada en comicios anteriores. Vale aquí revisar a fondo si en este caso influyen otros elementos, sea porque los estatutos han limitado la incorporación de nuevas dirigencias en las estructuras formales del partido, o porque las escogencias de los delegados distritales o cantonales o provinciales han sido tan controladas por los dirigentes o líderes fundadores para limitar cualquier posibilidad de incursión de otras personas, por lo menos en los primeros años.

Sin duda alguna el tema es materia de un mayor análisis; sin embargo, lo que sí se confirma es la premisa de renovarse o morir.