Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

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Jueves 12 Septiembre, 2013

Son 10 millones de metros cúbicos de lodos a extraer y depositar aguas adentro, en un punto rico en especies marinas


De cal y de arena

Torniquetes presidenciales

Si no fue una torcedura de brazo a SETENA, ese exabrupto presidencial tiene todos los rasgos propios de un torniquete, imprudente y sospechoso por lo demás.
Porque eso de decir que esta entidad es “un enorme cuello de botella en muchos proyectos de desarrollo del país”, como lo exteriorizó la Presidente Chinchilla en la ciudad de Limón el 31 de agosto, precisamente cuando esa Secretaría Técnica Nacional Ambiental se consume en el estudio de los impactos ambientales de un proyecto de extraordinarias dimensiones económicas, sociales y políticas, como es la nueva terminal de contenedores en Moín, es a todas luces un mensaje sesgado, expelido cuando se necesita respetar la autonomía de voluntad que SETENA requiere para poder auscultar con el más refinado bisturí en todos los vericuetos de un enorme expediente.
Si la Presidente de la República no se siente con la pericia o la voluntad o el tiempo indispensables para hurgar en ese mamotreto de más de 3.000 folios, debió llamar a sus consejeros ambientales para informarse de esos impactos, de su cuantía y de la factibilidad de enmendarlos, si tal es el caso. Máxime habiendo incorporado a su Plan de Gobierno 2010-1014 (si en ello hubo sinceridad) el compromiso de la sostenibilidad ambiental.
No se trata de reabrir el tortuoso camino por el que se diseñó el cartel licitatorio para una obra que costará algo más de $1.000 millones y para la cual sólo hubo un único oferente, ni de cuestionar las virtudes que exhibe el adjudicado.
Se trata de dar fe de que el Estado asume las tareas propias de la preservación del patrimonio ambiental y ya no es el autor de los errores, omisiones e incoherencias que han provocado altos impactos ambientales negativos en el pasado reciente.
Cautelar el patrimonio ambiental es de interés nacional. El semanario UNIVERSIDAD (27/8/13) informa de los grandes números del proyecto, en los que resalta la construcción de una isla para asentar terminal, patios y oficinas de 79 Ha. sobre un punto geográfico marino cuyo fondo de 10 metros actuales hay que llevarlo a 18 hasta dar con la consistencia de suelo y el calado debidos.
Son 10 millones de metros cúbicos de lodos a extraer y depositar aguas adentro (por no ser aptos para el relleno y construcción de la isla) en un punto rico en especies marinas que sufrirían un impacto destructivo mayor al que provoca la pesca de arrastre recién prohibida por la Sala Constitucional, dice el ambientalista Álvaro Sagot.
El expediente no detalla cómo se mitigaría el impacto ambiental —comenta el biólogo Freddy Pacheco— tarea que se reserva el concesionario APM Terminals —riposta su gerente Rogelio Douglas— para después de que SETENA se pronuncie.
El geólogo Allan Astorga critica diseño y ubicación de la terminal, que se pudo hacer sobre un sustrato más sólido para evitar movilizar millones de metros cúbicos de un material sin utilidad que precede la llegada a la profundidad requerida. Douglas asevera que la elección de construir la nueva terminal de contenedores en el mar fue… del gobierno.

Álvaro Madrigal