Alvaro Madrigal

Alvaro Madrigal

Enviar
Jueves 21 Febrero, 2013

¿Qué pasa que el país no reacciona ante la invasión de la función pública por tantos impúdicos, ineptos y chambones?


De cal y de arena

Reino de ineptos e impúdicos

¿Qué pasa que el país no reacciona ante la invasión de la función pública por tantos impúdicos, ineptos y chambones?.
Beocia, región de la antigua Grecia, se ganó la mala fama de dar cobijo a una población inculta y de poco seso. Por eso, beocio es el ignorante, el tonto.
Suena duro evocar a los beocios cuando se pregunta por qué tanta  torpeza en la gestión del Estado costarricense y sus instituciones y por qué hay tanta lenidad para con tan espesa presencia de ignaros en los partidos y desde ahí en la administración del Estado.
La máxima expresión de este descalabro de la inteligencia es la purga ordenada por la Municipalidad de Nicoya del científico Marino Protti. Repudia sus  incontestables atestados profesionales y prima un interés comercial que no puede sobreponerse al derecho universal y prioritario a la información y a la prevención de la seguridad.
Protti advierte de la probable proximidad de un terremoto y la Municipalidad reacciona desterrándole. No menos sorprendente es el desafío a la inteligencia de aquel Alcalde Municipal que vetó la resolución del Concejo de Alvarado por la que se declaró al cantón territorio libre de transgénicos.
Y no porque carezca de derecho al veto sino por la audacia con que incursiona en campos de alta exigencia científica sin que se le conozca carrera profesional.
Hay más, desde luego el saqueo ético en que fue cazado el Diputado Céspedes Salazar. Más le hubiese valido reconocer la penosa pifia política en que incurrió al pedir favorecimientos personales y consignar el toma y daca: “espero instrucciones; ya cumplí de mi parte”.
Aplastante error en quien quiere convencer de que es íntegro e insobornable en el ejercicio del control político. Su episodio sirvió para refrescar cuán ancho y ajeno es el mundo del tráfico de influencias.
==
Se reabrieron otras negras páginas del libro de la corrupción, pero no para erradicar el problema sino para empatar la inverecundia: que Liberman, que Garnier, que Oviedo… Tras la “operación embarre” vino el destape de las distintas unidades métricas que usa el Ministerio Público para abrir expedientes a los transgresores según sean de un bando o de otro.
Domesticados, ignorantes, corruptos… ese es el entorno que hace posible la crisis de valores, es la charca propicia para el asalto a los fondos públicos por todo lado.
Lo último fueron los abusos que LANAMME desnudó de parte de un constructor de carretera que tomó el 82% del presupuesto para conservación de una red vial y lo invirtió en otra cosa –reconstrucción-.
El Ministro Pedro Castro, lejos de usar el fuete ante el atropello a la regla de la buena gerencia, dócilmente anuncia un presupuesto adicional para terminar los 189 kmts.
La Presidente Chinchilla no se queda atrás: el Estado presto financia un puente peatonal que debió construir Autopistas del Sol y doña Laura lenitivamente dice que lo importante es que se hagan las obras, no quién ni cómo las hace.
Con razón, el mundo de los concesionarios encuentra solaz en la Costa Rica ya sin los arrestos de Mora.

Álvaro Madrigal