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Análisis

Malas reglas son una causa del problema

Patronos irrespetan salarios mínimos

Sistema sencillo sería más eficiente para todos

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Pizzero o pastelero: ¿Quién vale más?. Archivo/La República
Muchos empleadores decentes buscan formas de evitar el cumplimiento de las normas del salario mínimo, que en gran parte tienen poco sentido.
Hoy, mientras el Ministro de Trabajo decide el incremento en los salarios, es oportuno pensar en la adopción de una serie de reglas, que serían más productivas para gobierno, patronos y empleados.
El sistema costarricense de fijación de los salarios mínimos, es uno de los más complicados del mundo.
Existen cerca de 350 categorías de empleo, cubiertas por la ley.
Por un lado, esta cantidad es excesiva.
En el listado de empleos del primer semestre de 2013, el Ministerio de Trabajo todavía se encuentra defendiendo varios puestos que ya han desaparecido o casi han desaparecido, como operadores de carruseles o linotipistas.
Por otro lado, 350 categorías son pocas, cuando se trata de definir los trabajos.
En la era de Internet, el sector tecnológico cuenta con decenas de diferentes categorías únicamente de programadores, ninguna de las cuales ni siquiera aparece en el código laboral.
En una escala pequeña, en el código se encuentran “bartenders”, pero no baristas.
Mientras tanto, en las instituciones grandes, como los bancos, puede haber cientos de funciones distintas, cada una de las cuales requiere habilidades especiales.
En estas condiciones, es sumamente difícil para los patronos conciliar los puestos que define el Ministerio, con los del mundo real.
Otro problema del régimen costarricense de salario mínimo, es que las reglas distorsionan la competencia.
Un pastelero, para citar solo un ejemplo, debe ganar por lo menos ¢9.341 por día, mientras que a un pizzero, se le puede pagar solo ¢9.164.
En este caso, la dueña de la pastelería está ante una desventaja, al tener que pagar un salario mayor; no obstante, el pizzero y el pastelero en realidad hacen la misma cosa —colocan varios ingredientes en la masa, y hornean el producto.
Para efectos del código laboral, tampoco importa la experiencia de un trabajador.
Por eso, los empleados de larga trayectoria a menudo quedan perjudicados, porque la ley obliga al patrono a pagar un salario alto a un joven, que apenas salió de la U.
Luego, está la cuestión de por qué tenemos leyes de salario mínimo, en primer lugar.
La razón más importante es, para ayudar a la gente con pocos recursos.
Pero en Costa Rica hay salarios mínimos, que son tan altos como ¢680 mil —o sea, cuatro veces más que el ingreso promedio de una persona pobre.
Otro de los objetivos de las normas, es la defensa de las personas que no pueden negociar por sí mismas.
Pero en este caso, ¿por qué tenemos salarios mínimos para los egresados universitarios, que supuestamente saben investigar y analizar?
Para resolver el problema de los puestos de trabajo mal definidos, podríamos crear más categorías.
Pero aunque hubiera miles de definiciones, nunca tendríamos suficientes, para reflejar un mercado laboral, que está en constante evolución.
Mientras tanto, la mayor parte del mundo, incluyendo el resto de Centroamérica, utiliza solo un puñado de categorías, en sus regímenes de salarios mínimos.
Cada país tiene su propia versión de esa fórmula básica.
Algunos pagan más dinero en las zonas urbanas, donde el costo de vida es mayor.
Algunos permiten salarios más bajos en las zonas francas, con el fin de atraer a los inversores.
Podemos perfectamente diseñar nuestro propio mecanismo, consistente con las condiciones locales.
Cualquier régimen sencillo y justo tendría una gran ventaja, el ahorro de millones de horas cada año, de los empleadores que actualmente buscan lagunas en un sistema raquítico, y los burócratas que intentan impedirlos, mientras todavía estaríamos protegiendo a los pobres.

Fred Blaser
Co-Presidente
República Media Group

 

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