Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 3 Junio, 2013

Definitivamente al país de la inocencia campesina con carretas y guarias moradas en tapias entejadas, la perdimos


¡La perdimos!


En el lenguaje coloquial la expresión “La/o/as/os perdimos” me resulta muy simpática. Se usa cuando alguien está ido, dice incoherencias, o está pasado de cualquier tipo de sustancia que modifique su comportamiento.
A Costa Rica la perdimos y no es gracioso.
Queda claro que la perdimos cuando un periódico mexicano informa sobre la venta de órganos en nuestro país. Al parecer en dos ocasiones medió una transacción comercial en trasplantes de riñón. Un médico costarricense ya había denunciado esta práctica ante el Ministerio de Salud hace tres años. Muy valiente el galeno considerando que los sicarios son al parecer fáciles de contratar y por precios mucho más módicos que el valor de la vida.
No hay duda: a la “Suiza Centroamericana” la perdimos desde que el sicariato se instaló cómodamente. Aunque sus primeras víctimas tenían relación con el narcotráfico, muy pronto dos periodistas, ajenos al tráfico de drogas, fueron asesinados.
El primero fue el popular Parmenio Medina, baleado a la entrada de su casa el 7 de julio de 2001. Al parecer sus denuncias de los malos manejos de fondos en una radio católica motivaron a los autores intelectuales del hecho.
Dos años después, en vísperas de la Navidad de 2003, a Ivannia Mora le dispararon en la carretera principal de Curridabat. Supuestas tensiones laborales con su jefe marcaron un juicio lleno de errores que absolvieron por duda al principal imputado.
Hace escasos meses un juez se salvó de un intento de homicidio. Los indicios señalan que un colega, ofendido por el informe negativo que de sus labores había realizado la víctima, decidió ultimarlo.
Es evidente que a “mi Patria querida” la perdimos si los traficantes de drogas circulan impunes por cualquier lugar. Viven en nuestros barrios, se casan falsamente con nacionales, tienen múltiples sociedades, ejercen sus venganzas.
Para todas estas acciones requieren la complicidad de muchísimos costarricenses. Y no hablo de las pobres mujeres que por necesidad económica y menos de $500 aceptan un matrimonio pago. No. Me refiero a los múltiples funcionarios, al montón de abogados, al sinnúmero de ciudadanos que, siendo conscientes de lo que están haciendo, colaboran con un negocio ilícito donde la plata se consigue fácil.
Definitivamente al país de la inocencia campesina con carretas y guarias moradas en tapias entejadas, la perdimos. ¿Cómo podríamos explicar que en Costa Rica se haya realizado el mayor lavado de dinero del mundo? ¡Mil millones de dólares al año durante más de un lustro se legitimaron desde San José!
Y no hablemos del país justo que perdimos cuando el nivel de los legisladores ha llegado hasta el suelo de la vergüenza al escuchar a un diputado ofender a una legisladora por su vida privada.
A Costa Rica la perdimos. ¿En quién podemos confiar para que maneje este país? No tenemos líderes, partidos, ideologías. ¿Coaliciones, alianzas? ¿De quiénes con quiénes? La mayoría de los partidos y/o algunos de sus líderes están cuestionados. ¡Los que estén libres de pecado que tiren la primera piedra! Si todos fueran sinceros reinaría un silencio sepulcral.

Claudia Barrionuevo
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