Vladimir de la Cruz

Vladimir de la Cruz

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Miércoles 6 Junio, 2012


Pizarrón
En Derechos Humanos hasta Justo peca


A fines del siglo XIX los liberales establecieron un principio electoral importante, al prohibir la participación electoral del Partido Unión Católica y señalar que no se podía utilizar ni participar en elecciones agitando sentimientos y valoraciones religiosas. Esto debe ponerse de nuevo en el tapete de la discusión nacional. Ya es hora.
Los liberales separaron la enseñanza religiosa de la escuela, desde 1882 hasta 1940, sin que por ello la sociedad costarricense se hiciera menos religiosa o católica, porque esta enseñanza estaba en manos de la familia y de la iglesia.
El Estado confesional, sin renunciar a su manifestación religiosa que heredó de Cádiz, cumplió con un régimen de tolerancia espiritual abonado por los migrantes europeos y americanos que llevaron a cabo grandes obras de infraestructura y que destacaron en la cultura, la ciencia y la educación costarricense.
Los Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revolución Francesa establecen Derechos Universales, propios a cada ser humano por su condición humana, los del Hombre, y los del Ciudadano, los particulares de cada comunidad política.
Los actuales Derechos Humanos (DDHH) están dentro de la categoría de Derechos Universales, propios de los seres humanos cuando cada país los reconoce, como Costa Rica. No son derechos ciudadanos pues no se pueden limitar, coartar, debilitar o inaplicar.
Los Derechos y Libertades se Proclaman, Declaran y Existen para su real y efectivo ejercicio pues de lo contrario pierden su esencia. Los ciudadanos constitucionalmente nos regimos sobre todas las cosas por los Derechos reconocidos y las Libertades establecidas.
Cuando hoy se discute como parte de los DDHH, de todas las personas, hombres o mujeres, derechos de matrimonio, de convivencia, de procreación, de adopción, de herencia, de asistencia solidaria, cuando se discute y afirma cada día el reconocimiento de parejas homosexuales o lésbicas, en espacios públicos, salas de cine, restaurantes, hoteles, sitios de recreación o culturales, es ilógico que la Comisión de DDHH de la Asamblea Legislativa la presida un diputado que está lleno de prejuicios religiosos que no son criterios y fundamentos científicos sino de fe, y en este caso de Mala Fe.
Hay que dejarse de carajadas e hipocresía. Costa Rica ha tenido a estas personas en todas sus épocas y espacios, en el clóset o fuera de él, en el sector público y privado, en familias pobres y ricas, en todas las profesiones, como periodistas, abogados y economistas que lo han declarado, y algunos síndicos, regidores, alcaldes, jueces, magistrados, ministros, presidentes, líderes religiosos, curas, obispos y arzobispos que se han ganado su fama.
Los DDHH hoy obligan al reconocimiento inmediato de los derechos homosexuales. Justo Orozco no debe presidir la Comisión de DDHH del Poder Legislativo porque claramente tiene prejuicios y juicios contra estas personas, esas materias y temas.
Si los árabes hubieran llegado a América no seríamos cristianos, seríamos musulmanes y Justo seguramente sería un radical religioso talibán.

Vladimir de la Cruz