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Sábado 24 Mayo, 2014

El hueso de Presidente

Si usted tiene la paciencia de hacer una consulta pública para enumerar las personas que quisieran llegar a la Presidencia de la República, entre la población mayor de 18 o 20 años de edad que ya han aprobado el bachillerato, se asombraría al darse cuenta de que quienes se sienten “candidateables” a la primera magistratura del país, son un montón.
Y el número aumentó desde que se desató la igualdad real, porque la fila de damas también es larga, aunque un poco más pequeña que la de los varones. Y nos preguntamos: ¿Tendrán una leve idea de la clase de brete en el que están soñando o al que están aspirando?
Hay un grupo que considera que lo primero que tienen que hacer es estudiar derecho: el conocimiento de la ley es decisivo, piensan. Otro se inclina por ciencias políticas; ahí es donde está el secreto, aseguran. Hay un tercer grupo que con algo de sabiduría, piensa: voy a pulsearla en la muni; meten cabeza en el partido que más se acerca a sus convicciones y algún día llegan a ser regidores.
Realizan que hay que buscar una reelección a toda costa y “con suerte la pego como alcalde”. El roce con los jerarcas del partido es vital… y hay que hacer uno que otro favor a los de arriba. Comienzan a hacer números un poco más grandes y se tiran a coquetear con una diputación; “casi casi llego, pero en la próxima, no hay quite”.
Luego están los “muerde-callado”, son profesionales de bajo perfil que están esperando la oportunidad para lanzarse. Aquí prima el espíritu maquiavélico; la astucia para no ser confrontativo; se les sonríe a todos y el abrazo es parejo; busque la forma de enfocar los problemas serios del país, pero no con la fuerza del político… es conversando con el auditorio, mencionando la enorme lista de cosas pendientes por hacer (¡cuidado! ¡No se embarque!)
No ofrezca nada; mucho menos diga la forma y por nada del mundo cuente de dónde va a sacar la plata para hacer tantas obras, so pena de que lo tilden: “Ves, este es igualito a los de siempre”. Léase las mil formas de caer bien, sea humilde… no hable ni de las novias, ni de las esposas o amigas íntimas que ha tenido. No cometa la imprudencia de hablar de religión. No acepte “amigos” que lo acompañen a todos lados, porque lo queman. No mencione el equipo de fútbol de su preferencia… tómese una foto con los mejores de los cuatro equipos que van adelante. Ni por broma mencione un solo nombre de su futuro gabinete ni de los puestos en el exterior.
Eso sí, si usted llega, no haga tonteras; aquello de que “vamos a gobernar con todos los mejores”, por su salud, cúmplalo; no incluya en los puestos claves a gente sin experiencia, y usted mismo, no se despegue de tres amigos que tengan toda la experiencia del mundo en manejos del Estado; de lo contrario el pueblo se dará cuenta de que usted los engañó.
Si usted pierde la confianza del pueblo que lo eligió, le van a hacer la vida de cuadritos. Recuerde que usted no es el Gobierno, es la suma de todos los jerarcas que nombró. Juegue de estadista, sea serio, dese a valer. Olvídese de caer bien. Dele seguridad a su pueblo; saque del país a tanto traficante que llegó vestido de turista o de inversionista; ponga de patitas en la calle a los que obtuvieron la visa de residencia o la nacionalidad con movidas ilegales.
Ponga en jaque a las compañías extranjeras que hicieron carreteras incumpliendo las especificaciones internacionales, y ahí están cobrando peajes ruinosos para el pueblo. Exija garantía de repuestos a las empresas que importan vehículos y maquinaria obsoleta. Establezca controles de verdad a los transportistas de chatarra que salen todos los días fuera del país. Dele empleo a 1.000 muchachos profesionales, capacítelos en materia tributaria para visitar empresas, centros nocturnos, sociedades inversionistas, constructoras, oficinas de profesionales. Si usted no protege a su pueblo, nadie más lo va a hacer.

Rodolfo Borbón S.
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