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Una parte del sector privado se está preocupando y actuando por ayudar a niños y adolescentes que viven en zonas marginales, a fin de intentar alejarlos del crimen organizado


El círculo vicioso de la pobreza

Sobre los niños de hogares pobres o en extrema pobreza que no puedan dedicarse a estudiar, convirtiéndose muchas veces en delincuentes como única forma que ven para sobrevivir, nos habla una nota de este medio el viernes anterior.
Esta situación hizo que la cantidad de jóvenes presos por cometer crímenes haya crecido un 187% en los últimos cinco años, y una tercera parte de ellos está en la cárcel por cometer homicidio.
Esta, evidentemente, es una realidad que debe cambiar.
La política de impulsar un crecimiento económico sin equidad, que aumente como lo ha estado haciendo la pobreza y el deterioro de la clase media, que se convierte a veces en pobre, solo puede significar un desastre para la Costa Rica que en otras épocas supo avanzar acertadamente.
A raíz de esto, hay afortunadamente una parte del sector privado que con conciencia clara de esa situación se está preocupando y actuando por ayudar a niños y adolescentes que viven en zonas marginales, a fin de intentar alejarlos del crimen organizado.
Realizar importante donación de computadoras portátiles u ofrecer empleo a técnicos egresados de colegios profesionales son algunos de los programas que como parte de la responsabilidad social de algunas empresas se han puesto en marcha.
No cabe duda de que la posibilidad de que estas empresas sean emuladas por otras y se extienda una cultura de solidaridad en este sentido, puede significar una enorme ayuda en la tarea de intentar sacar al país de una situación a la que nunca debió llegar: la del empobrecimiento de una parte de su sociedad y el aumento de la delincuencia.
No obstante queda mucho que hacer para cambiar esta dolorosa realidad y de ello deben ocuparse nuestros gobernantes, impulsando modelos de desarrollo que permitan una mejor distribución de la riqueza.
Solo esto es lo que garantizará la posibilidad de que exista un buen clima para hacer negocios, para que continúe creciendo la economía, sin la amenaza que significa permitir el aumento de la pobreza, la desigualdad y nuestros jóvenes atrapados por el crimen organizado, poniendo en evidencia de este modo una política equivocada.
 

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