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Sábado 16 Febrero, 2013

La deserción estudiantil, la drogadicción y el alcoholismo son grandes males que pueden corregirse si existe voluntad de justicia


Educar a los pobres

No es fácil amanecer sin recursos que permitan satisfacer las necesidades físicas básicas y encontrarse siempre, con una calidad de vida dolorosa, sin techo, sin alimentos, sin agua potable, sin asistencia médica y sin facilidad para educarse.
Despertar con el sol que no calienta y sentir las “tripas” retorcidas de hambre y el llanto de los hijos hasta anochecer con la luna, sin esperanza, es triste.
Al otro lado, el mundo inconsciente donde las personas que todo lo tienen carecen de solidaridad, como si no supieran que ser solidario con la pobreza, es pagar los impuestos como Dios lo manda.
Aumenta la desconfianza al gobierno que los recauda en momentos que estamos viendo como el Estado los malgasta en la “trocha”, en la “famosa platina”, en levantar la imagen, en la campaña política, etc.
En este país todos “comemos promesas de campaña” pero, quienes más las comen son los pobres engañados a quienes sin educación, se les hace sumamente difícil conseguir empleo, más si los tenemos excluidos socialmente y hasta marginados.
En estas condiciones, nos les queda más que delinquir para luego, terminar el resto de su vida encerrados entre gruesos barrotes. Sin educación, no hay empleo y sin empleo, no hay canasta básica. Existen países ricos y países pobres pero, también hay pobrísimos.
En todos existen pobres y en todos, el “trato” es el mismo: arrinconados, sin educación. Entonces, si la fórmula para acabar la pobreza es educar, cuál es el motivo por el cual los gobiernos, en lugar malgastar los fondos en proyectos sin planificación, abiertos al robo, no canalizan una parte de esos recursos a proyectos serios de educación y luego, los proyectos de buscar empleos que puedan garantizar un salario digno. La deserción estudiantil, la drogadicción y el alcoholismo son grandes males que pueden corregirse si existe voluntad de justicia.
No es cosa de colocarse claveles en la solapa si la pobreza no es menor; todo lo contrario, es mayor en estos últimos años.
Si queremos un mundo distinto, no podemos seguir pensando que los pobres son los miserables, esos débiles desheredados para quienes no hay trabajo, o si lo hay, son para hacer cosas pesadas, sucias y sin derechos laborales. Algunos se atreven a decir que los pobres, ni siquiera ese trabajo tienen y que le den gracias al Señor de que algo pueden hacer… “y todo”, en lugar de dar soluciones. Estamos acostumbrados a mirar para adentro, no para afuera. Si queremos aumentar la producción en este país tan afortunado, con más del 97% de tierras productivas y, contar con un mejor mercado para nuestros productos, necesariamente tenemos que generarles a los pobres el acceso a los servicios y bienes, educación y oportunidades de empleo.
La caridad no es meterse la mano al bolsillo y sacar un billete que en nada soluciona la pobreza, como igualmente, no la soluciona entregar dinero, ropa y alimentos en forma pasajera a las personas pobres.
El pobre solo necesita tener trabajo, estar preparado para conseguirlo. Abrir más ventanas laborales, traer más industria, es lo que necesita Costa Rica.

Eliseo Valverde Monge
Médico