Luis Alberto Muñoz

Luis Alberto Muñoz

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Viernes 27 Septiembre, 2013

¿Cómo lograr que una familia campesina en zonas rurales alejadas pueda vivir bien, con un sustento económico adecuado y en actividades que no degraden el medio ambiente?


Entre cielo y tierra

Concesionar bosques

El Petén en Guatemala es uno de los sitios más enigmáticos de la humanidad, repleto de sitios arqueológicos, de grandes ciudades mayas, que quedaron en abandono más de medio siglo antes de la conquista, y que son un recordatorio de que la explotación de los recursos naturales de forma desmedida puede extinguir a cualquier imperio.
Solo en Tikal, no descubierta hasta 1848, se cree que existen alrededor de 4 mil edificaciones, no siendo siquiera la más grande de la zona, tomando en cuenta El Mirador.
Me resulta igual de interesante la realidad maya actual, me refiero a las comunidades que viven alrededor de las 240 áreas protegidas de esta región y son el 32% de Guatemala.
Me es notoria, pues tiene un paralelismo con lo que se vive en Costa Rica, donde los pueblos situados en las márgenes de los parques nacionales presentan los índices mayores de pobreza.
Sin embargo, en la Biosfera Maya, luego de los acuerdos de paz impulsados por el presidente Óscar Arias en el istmo, se logró algo que para la mentalidad conservacionista tica resulta inimaginable, es más, hasta escandaloso.
Tras la pacificación, el Estado chapín otorgó concesiones forestales a las comunidades, un derecho para que puedan utilizar racionalmente los recursos de estas zonas protegidas.
Con lo prostituidas que están las concesiones en Costa Rica, este modelo parece ser ficción, no obstante en Petén los ciclos de tala programados entre 25 y 40 años, han logrado más bien fortalecer los bosques que conforman la biosfera.
Los árboles utilizables se seleccionan con criterios técnicos y supervisados con certificaciones que continuamente garantizan la sostenibilidad del manejo forestal, su mayoría exportados a Europa y EE.UU.
Los ingresos de la extracción de caoba, cedro, danto, pucté, santa maría, entre otras especies, son recibidos por la comunidad y transformados en becas, escuelas, caminos, salud pública, lo cual favorece la integración familiar, mitiga la emigración y el desempleo femenino.
Solo en la Asociación de Comunidades Forestales de Petén se integran 22 grupos beneficiando a unas 40 mil personas, en su mayoría indígenas, generando empleos derivados, además del chicle, semillas de ramón, xate y turismo rural.
El caso del Petén es uno de los más destacados, de igual forma, en Panamá el pueblo Emberá-Wounan, en la Mosquitia hondureña y nicaragüense, en México son apoyados por la Alianza Mesoamericana de Pueblos y Bosques.
En Costa Rica, tarde o temprano, habrá que pensar algo para sacar de la miseria a las comunidades vecinas de las áreas protegidas. Este modelo podría otorgar a pueblos rurales, zonas de amortiguamiento, que les generen ingresos, a la vez de protección a los linderos de los parques nacionales.

@luisalberto_cr