Arnoldo Mora

Arnoldo Mora

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Viernes 8 Febrero, 2013

BocadoDe todos nosotros depende que las campañas electorales sean aprovechadas para convertirlas en cátedras de educación cívica. Ese sería el primer paso para cambiar el ambiente de pesimismo imperante hoy


2013, año político

Para el costarricense medio el título de este artículo hace alusión a que el presente es un año electoral. Por lo que los medios estarán saturados de propaganda, de debates y otras actividades tendientes a inducir a los ciudadanos a votar.
Como las encuestas dicen que “el partido mayoritario” son los que mantienen una actitud displicente o, incluso, hostil a los políticos y a la política misma, esta campaña debe dirigirse, no solo a combatir a los adversarios, sino a persuadir a los indiferentes de que tienen un deber patriótico de participar.
El escepticismo en materia electoral es el reflejo del pesimismo de muchos costarricenses en materia económica, social y de seguridad ciudadana.
Por eso en la actividad política debería hacerse énfasis en la educación cívica de los ciudadanos, haciendo ver que la conciencia lúcida de TODOS es imprescindible para que cambie lo que muchos denuncian.
Todos somos indispensables a la hora de fijar los destinos de la Patria. La indiferencia es el peor de los vicios cívicos pues nos hace cómplices de lo que de palabra denunciamos.
Los ciudadanos deben exigir más de los candidatos. Deben aprovecharse las redes sociales, no solo para desahogarse, sino también para instaurar foros democráticos donde se hagan críticas fundadas y propuestas patrióticas. Así habría una especie de “campaña electoral paralela” pero más democrática que aquella que se hace con fines de “marketing” y a base de dinero. Los partidos tradicionales tienen terror de que se examinen sus fuentes de financiamiento porque allí radica mucho de la corrupción que apesta en nuestro medio.
La política se ha convertido en un negocio donde invertir en un candidato se reduce a buscar la complicidad de los políticos y obtener beneficios empresariales gracias a procedimientos ética y legalmente dudosos.
La base de la democracia electoral está en la transparencia en el financiamiento de los partidos, porque quien paga manda.
Mas allá de la propuesta de reformas políticas que hacen varios grupos, todos igualmente notables, es indispensable inspirarse en el principio básico de la democracia cual es el de crear cauces institucionales para que la voluntad del Soberano se haga sentir.
En una democracia solo hay un Soberano: el pueblo. Nuestra Constitución lo dice. Pero eso se debe reflejar en todas las propuestas y en todos los programas de gobierno. Ese derecho del pueblo de gobernarse a sí mismo sin los condicionantes que imponen los que suministran el dinero, es el requisito insoslayable para que haya una democracia real.
Pero eso solo se logrará con una actitud vigilante de parte de los ciudadanos. El periodo electoral debe servir para ejercer esos derechos inspirados en una conciencia patriótica más que nunca, porque es la época en que la escogencia de los próximos gobernantes ocupa de manera central la atención de la opinión pública.
De todos nosotros depende que las campañas electorales sean, ante todo, aprovechadas para convertirlas en cátedras de educación cívica.
Ese sería el primer paso para cambiar el ambiente de pesimismo imperante hoy en día.

Arnoldo Mora