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2010 sin reforma fiscal



Que no le quepa duda que los impuestos son parte de la vida. No hablar de impuestos al cierre de año es casi como no darse cuenta ni del Festival de la Luz, ni de que Tiger Woods tenía 13 amantes, o ni de que nos vamos a quedar sin Polo Norte. Porque uno puede quedarse sin quien votar, pero no puede quedarse sin declarar sus impuestos.
Bueno a lo que vinimos, que es mejor olvidarse de la elección de la defensora, del desastre de la Sele y de la campaña de los libertarios.
Sé, porque lo he leído, que los últimos tienen algunas ideas muy concretas para gobernar (como el Flat Tax criollo que proponen), entonces deberían enfocarse a partir de enero en eso y no en atacar “pecatas minutas” o a doña Laura Chinchilla; porque ya a Ottón Solís como que nadie lo ataca.
De lo otro que hay que olvidarse es de la crisis, porque ya pasó y uno tiene que enfocarse en las cosas buenas.
Pasada la crisis que le dejó al Gobierno no una yegua blanca, sino un déficit fiscal similar al que desatara la intentona de reforma de 2001 —parecido más bien a una mala suegra—, esperamos un 2010 sin reforma fiscal y con muchas actuaciones fiscalizadoras sin compasión.
Esto porque la luna de miel entre la Asamblea y Zapote no se empieza con un pleito sobre “por qué no sacaste la basura mi amor”, sino con la búsqueda de algunos consensos sobre proyectos que quedaron en el tintero del gobierno pasado.
Luego, solo si una marejada de votantes inconformes con el estado de las cosas utilizara al voto libertario como cartel de protesta, sería viable pensar en que quizá 2011 traería una baja al impuesto de renta y una subida en el impuesto de ventas, aplicándolo y generalizándolo a todos los servicios.
Y si se mantiene el Partido Liberación Nacional, como todo parece indicarlo, 2011 sería un año en el que se intentaría una reforma fiscal de parche, como lo que anda por ahí dando vueltas como la ciclística.
Esta reforma reforzaría el impuesto de renta con un impuesto al patrimonio, con un ajuste al Impuesto de Valor Agregado y con mejoras a la Administración Tributaria.
Lo que sí creo que habrá en 2010 es una actitud más proactiva de las municipalidades para gestionar y crear tributos nuevos, y un triste y alicaído impuesto a las casas de lujo.
Tardará la Dirección General de Tributación en aplicar las sanciones de tan maltrecha legislación, un abogado en redactar un recurso de inconstitucionalidad y la Sala, con el sabor de las aceitunas del tamal todavía en el paladar, se traerá la ley al suelo.
Yo por mi parte voy a ir a votar por mi mamá, pienso comenzar a ahorrar para mi viaje a la luna y comprarme un libro sobre osos polares.

Experto en impuestos
ICS Consultores
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