Carlos Denton

Carlos Denton

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Miércoles 18 Enero, 2017

El resultado de la pérdida de influencia y protagonismo de los partidos es que hay más énfasis en las personalidades

¿Qué representan los precandidatos?

Ahora que estamos en año electoral, en vez de hablar de las cualidades y defectos de las personalidades, sería importante conocer: ¿Cuál de los candidatos ofrece el mejor programa de mejoría de la seguridad pública? ¿Cuál tiene mayor probabilidad de romper el impasse en lo que son las obras públicas, creando grandes proyectos e implementándolos? ¿Cuál se atreve a ofrecer intervenir en la CAJA, obligando a esta institución a poner orden en sus servicios, en su administración y en sus finanzas? —“No más filas ni esperas en la CAJA”— ¿Quién se atreve?

En el ámbito internacional, ¿cuál de los precandidatos ofrece mejorar las relaciones con Nicaragua, manejando un temario variado y de mutuo respeto? ¿Cuál ofrecerá colocar el país en la Alianza del Pacífico y cuál pudiera lograr la llegada de más inversión extranjera?
En tiempos pasados, cuando había dos partidos políticos grandes y heterogéneos y cuando más de la mitad de los votantes pertenecían a uno u otro, era posible presumir que un candidato presidencial representaría los principios de la organización que él o ella representaba. Se podían ahorrar tiempo y esfuerzo investigando a los candidatos porque el ciudadano con partido ya conocía el programa que pudiera tener el que se presentaba de parte de su movimiento preferido. Ahora que proliferan banderas y colores políticos, es difícil entender qué representa cada uno.
El resultado de la pérdida de influencia y protagonismo de los partidos es que hay más énfasis en las personalidades. Pero las razones para apoyar a alguno muchas veces no tienen que ver con “lo que ofrece” sino que “es la mejor opción contra Liberación” o “me gusta como habla” o “pertenezco a la misma religión”. No están entendiendo lo que realmente representan y después viene la desilusión para muchos votantes.


Cuando hay énfasis en las personalidades es difícil para los candidatos que están perdiendo en las encuestas resistir la tentación de ir al ataque. Buscan historias o eventos que involucran negativamente a su adversario —el resultado es la publicidad negativa que aparece en los medios formales y en las redes sociales.
Cuando se le pregunta al costarricense su opinión sobre la propaganda negativa, la mayoría dice que “no les gusta”. Pero los estudios demuestran que prestan atención los votantes a ese tipo de noticia; después de todo muchos ticos son “chismosos” y ver información dañina sobre un político en muchos casos “les llena”. Después de todo, la publicidad negativa puede hacer daño a un adversario en una campaña; entonces la usan.
Si se pregunta a los candidatos su opinión de la publicidad negativa, también la desmienten. Pero luego argumentan que como el adversario la usa no “les queda otra que defenderse.”
En lo personal me gustaría ver unos debates duros como los que celebraron los estadounidenses en la campaña 2016. Que participen solo los que tienen posibilidad de ganar la elección de 2018 y que hablen de programas e ideas. Pero también que “se quiten los guantes.”

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